La fuente principal de información de este blog es La Biblia. Todas las enseñanzas compartidas aquí, son y serán principalmente basadas en la Biblia Reyna Valera Versión de 1960

Un nuevo año ha llegado, y con él los deseos de que nos traiga mejores cosas que el que se fue. Las famosas resoluciones para bajar de peso, dejar de fumar, tomar, u otro tipo de excesos; de abandonar los vicios, los malos hábitos, las malas costumbres y tratar de ser mejor están a la vuelta de la esquina. Pero si aún estamos lidiando con las mismas resoluciones y los mismos deseos de años anteriores, quizá debamos darnos cuenta que no es el nuevo año el que traerá algo mejor para nuestras vidas, somos nosotros los que debemos tomar acción, cambiar quizás nuestra manera de pensar, nuestros hábitos, nuestra conducta, nuestra actitud hacia la vida, y principalmente, de una vez y para siempre, entender que como creyentes cristianos, ¡no deberíamos tener vacas! Me refiero a las excusas y pretextos que anteponemos porque no hemos podido superar los pocos o tantos problemas que nos han venido acosando a lo largo de nuestras vidas. Ya compartí acerca de la ignorancia y la oración, y espero de verdad que te halla inspirado a estudiar la Palabra de Dios no solo para salir de la ignorancia espiritual, sino para que conozcas tus derechos y responsabilidades como hijo de Dios, y también que tomes el tiempo suficiente para orar cada día, te aseguro que si hicieras esas dos cosas, no te verías en la necesidad de esperar por que el año nuevo te trajera cosas mejores. Hoy quiero hablar de dos vacas de colores diferentes, la pobreza y la enfermedad.

Muchos creyentes cristianos, especialmente aquellos que no leen las escrituras y solo creen lo que sus “líderes” les “enseñan” se refieren a la enfermedad y a la pobreza como si fuera “la voluntad de Dios,” pero la voluntad de Dios está claramente establecida en su Palabra.

(3 Juan 1:2) Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

Permíteme leer una traducción expandida del texto Griego:

(3 Juan 1:2) Amado, por sobre todas las cosas oro que prosperes y tengas salud, tal como prospera tu alma.

Yo creo lo que Dios dice en su Palabra, y si El dice que por sobre todas las cosas, desea que prospere, no tengo porqué creer lo que alguien más diga. La prosperidad no es solo el antídoto de la pobreza, sino de la derrota y la miseria, tanto material como espiritual. Veamos qué es lo que Dios nos dice en este versículo.

En primer lugar, Pablo por revelación, habla representando a Dios, y te llama “amado” (agapetos), esta es la misma palabra que Dios usó refiriéndose a Jesús, cuando fue bautizado por Juan el bautista, “este es mi hijo amado…” Demostrando así el gran amor que Dios tiene por sus hijos.

En segundo lugar, Pablo menciona que por sobre todas las cosas, por encima de lo que tú pudieras imaginar, la voluntad de Dios, su deseo (parakaleo = orar a Dios, exclamar en voz alta) es que prosperes. La palabra prosperidad es una combinación de dos palabras Griegas que juntas quieren decir: ayuda en el camino; que traducidas a nuestro idioma significan: tener éxito en los negocios, lograr una meta, o: tener una jornada próspera (refiriéndose a la jornada de la vida).

En tercer lugar la voluntad de Dios para sus hijos es que también tengan salud, y no solo tiene que ver con la salud física, sino mental, y espiritual. Veamos algunos versículos que hablan acerca de la prosperidad.

(Génesis 24:40) Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás para mi hijo mujer de mi familia y de la casa de mi padre. 

Este versículo se refiere a cuando Abraham envió a su criado a buscar esposa para Isaac y le dijo que Jehová prosperaría su camino. Dios es el único que puede prosperar nuestras vidas porque él es el Dios de la prosperidad, podemos ver cómo prosperó a Abraham, a Jacobo, incluso a Job, a pesar de todas sus calamidades, pero el ejemplo de José es quizás el más significante ejemplo de prosperidad debido a las circunstancias.

(Génesis 39:1) Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. {2} Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. {3} Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. {4} Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.

Muchos conocemos esta historia y lo que sucedió con José, que después de ser acusado injustamente fue enviado a la cárcel.

(Génesis 39:21) Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. {22} Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. {23} No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.

La razón por la que Jehová estaba con José, es porque José conocía, creía y confiaba en él, y Jehová le extendió su misericordia y lo favoreció a los ojos del jefe de la cárcel y lo prosperó en todo lo que hacía, al grado que llegó a ser el segundo en el poder de la nación egipcia.

(Génesis 41:38) y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? {39} Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. {40} Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú. {41} Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. {42} Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; {43} y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.

¿Puedes ver la importancia de lo que faraón dijo a su pueblo? La frase “en quien esté el espíritu de Dios” debería resaltar en todo este pasaje.

Hay un par de factores importantes en todo este asunto de la prosperidad, el primero de ellos tiene que ver con conocer a Dios, el segundo, con creer y confiar en él. Abraham, Jacobo, Job y José conocían, creían y confiaban en Jehová.

Otro aspecto muy importante de la prosperidad, es lo que faraón resaltó al referirse a José, “en quien esté el espíritu de Dios.” Un creyente cristiano que ha confesado a Jesucristo como salvador y señor personal de su vida tiene en su interior el espíritu de Dios, y el hecho de haberlo confesado con su boca, y creído en su corazón que Dios le levantó de entre los muertos, significa que conoce a Dios, su Palabra, y que cree y confía en él, esos son requisitos indispensables para la prosperidad. Debo recordarte que la prosperidad no solo significa tener éxito en las finanzas, sino en todas y cada una de las actividades de la vida, Abraham le dijo a su criado que Jehová prosperaría su camino, refiriéndose a toda la jornada que llevaría a cabo para conseguirle esposa a Isaac. José fue prosperado en todo lo que hacía, y eso es lo que debemos aprender de la Palabra de Dios y creerla, confiando siempre que Dios no solo prosperará tu vida financieramente, sino todo lo que tú hagas.

Creer que la voluntad de Dios es que los cristianos sean pobres es una “vaca” que ha mantenido a muchos sujetos en la miseria, no solo material sino espiritual. ¡La pobreza no es una opción para los creyentes cristianos renacidos del espíritu de Dios! ¡La voluntad de Dios es que sus hijos sean prosperados en todo, así como el alma prospera!

¿Sabes tú cómo prospera el alma? La palabra Griega traducida como “alma” corresponde a la palabra hebrea que significa “alma” en Génesis, cuando Dios formó al hombre del polvo de la tierra, creo de su espíritu en él, y respiró en su nariz aliento de vida. En otras palabras, “alma,” significa y representa la vida, pero, ¿cómo prospera la vida? A mi humilde entender, la vida de alma comienza en la concepción, cuando un esperma fecunda un óvulo, desde ése momento lo único que hace es prosperar, y desarrollarse hasta que madura, y a menos que medios externos ajenos al proceso de la vida lo detengan, el alma prosperará hasta su extinción. Así que, así como la vida de alma prospera, Dios desea que sus hijos prosperen, no solo financieramente, sino en todas las cosas.

Veamos un versículo que corrobora la voluntad de Dios para que sus hijos no vivan en necesidad.

(Juan 10:10) El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

¡O creemos que esta es la voluntad de Dios o no lo creemos! Jesucristo mismo dice que él vino para que tuviéramos vida en abundancia, la traducción en español no comunica realmente el grado superlativo que palabra Griega traducida como “abundancia” refleja. Lo que realmente significa es: mucho más que abundantemente, Dios no solo quiere que sus hijos tengan vida en abundancia, sino una vida mucho más que abundantemente, y quiere eso porque él es capaz de hacer que sus hijos prosperen en grado superlativo.

(Efesios 3:20) Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,

Dios tiene esa capacidad, tanto la voluntad como el poder para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, así que con Dios no hay límites, aunque la segunda parte de este versículo es también muy importante, es lo que hace posible que recibamos o no, lo que pedimos, porque todo depende de ése poder que actúa en nosotros. El don del espíritu santo que recibimos al renacer del espíritu de Dios es lo que nos da ese poder, y depende de nosotros manifestarlo en nuestro andar, la clave está en nosotros, por eso creer y confiar en Dios son indispensables, Dios siempre está dispuesto a prosperar todo lo que hagamos a lo largo de nuestra vidas.

(2 Corintios 9:8) Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;

Dios no quiere que sus hijos padezcan necesidad, su voluntad es que siempre tengamos toda suficiencia en todo, con el propósito de que abundemos para toda buena obra. Así que cuando un creyente cristiano dice que la voluntad de Dios es que sea pobre, no es más que una excusa por su ignorancia de la Palabra de Dios, de su incredulidad por no manifestar el poder del don del espíritu santo en su andar, y por su falta de confianza en el poder, la capacidad y la voluntad nuestro Padre celestial de hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.

Un punto interesante que se ha compartido como una clave práctica para la prosperidad es el dar. El diezmo se ha predicado como la manera de dar financieramente en las iglesias cristianas, aunque en realidad no tenga nada que ver con el cristianismo. El principio del diezmo, aunque práctico, no es aplicable en la iglesia cristiana, los sacrificios, las ofrendas, y todo lo relacionado a lo que los sacerdotes judíos hacían antes, no tienen cabida en la iglesia de hoy. Con su muerte, resurrección y ascensión, Jesucristo nuestro señor y salvador, nos liberó de la condenación de Adán y también, de las más de 900 leyes del antiguo testamento, incluyendo el diezmo.

Dar es una clave práctica para la prosperidad, y la manera de dar financieramente en la iglesia de hoy es conocida como “compartir abundante.” El compartir abundante es: “Dar de la abundancia material de uno para el movimiento de la Palabra de Dios y para el cuidado de los santos.” Es necesario conocer y aplicar la doctrina del “compartir abundante” para saber dar correctamente, para el movimiento de la Palabra de Dios y para el cuidado de los santos; solo mencionaré lo básico acerca de esta doctrina para que aprendas a dar, como complemento a lo que ya he compartido anteriormente en esta enseñanza.

(2 Corintios 9:1) Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba; {2} pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría.

El apóstol Pablo aquí se refiere al dar financieramente para ayudar a los creyentes en necesidad, y el celo al que se refiere es al celo que los macedonios tenían para compartir de su abundancia.

(2 Corintios 9:5) Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra. {6} Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. {7} Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Estos versículos establecen la doctrina del compartir abundante. Uno da, de lo que tiene, si no tiene para dar, simplemente no da nada, y no tiene que sentirse condenado. Muchos cristianos se quejan que no tienen suficiente para dar, y nunca tienen suficiente precisamente porque no dan, o dan escasamente, y si dan escasamente, así mismo recibirán, pero si tú das generosamente, generosamente también, recibirás. No hay un porcentaje o una cantidad establecida para dar, uno da como uno se proponga en su corazón, dependiendo de cómo Dios le haya prosperado. Solo recuerda, que si un siervo del antiguo tenía que dar el diez por ciento de su ingreso, un creyente renacido del espíritu de Dios no debería dar menos que eso, pero es uno mismo quien determina cuanto dar, y cuando lo haces no se debe dar ni con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Quisiera terminar esta enseñanza explicándote la segunda parte de lo que dice 3 Juan 1: 2 “…y que tengas salud así como tu alma prospera.” Esto no significa que sólo los que prosperan pueden tener salud, aunque hay una relación directa entre la prosperidad y la salud, de hecho, la voluntad de Dios de que todos sus hijos prosperen incluye la sanidad no solamente física, sino mental, y también espiritual.

¿Recuerdas como prospera la vida de alma? La vida de alma, después de su inicio en la concepción, solo puede truncarse si medios externos fuera del proceso de la vida lo detienen, pero también si hay algún tipo de contaminación o corrupción en su interior. Una vida de alma contaminada no prospera. 

En 3 Juan 1:2 “salud” es la palabra Griega “hugiaino,” que significa: tener salud (refiriéndose al cuerpo físico); ser sano, (refiriéndose a la mente); ser incorruptible, o verdadero en la doctrina (refiriéndose a lo espiritual). Así que la frase “…y que tengas salud” realmente significa: ser completo, sano, e incorruptible, no sólo física, sino mental y espiritualmente. Significa no ser corrupto, y una manera de evitar la corrupción es siguiendo la doctrina de la verdad; cuando hacemos eso, el corazón de Dios se regocija.

(3 Juan 1: 3) Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. {4}No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.

Vimos que Dios ama a sus hijos con el más grande amor, y que por encima de todo, su voluntad para sus hijos, es que con su ayuda, prosperen en la todas las actividades de la vida, porque él es el Dios de la prosperidad, y porque la prosperidad es el antídoto de la pobreza, la miseria y la derrota.

Vimos que conocer a Dios, y su Palabra, creer y confiar en él, así como el operar el poder del don del espíritu santo en nuestro interior son pre requisitos indispensables de la prosperidad.

Vimos que dar de nuestra abundancia para el movimiento de la Palabra de Dios y para el cuidado de los santos, es una clave práctica para recibir lo que pedimos, y que Dios es poderoso para hacer que abunde en nosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundemos para toda buena obra.

Finalmente, vimos que la sanidad física está directamente ligada a la prosperidad que Dios provee, y que su voluntad no es que solo seamos sanos, físicamente, sino mental y espiritualmente, que seamos completos, incorruptible, y verdadero en la doctrina.

Las “vacas” de la pobreza y de la enfermedad son solo excusas para aquellos “cristianos” que han sido erróneamente enseñados, o que simplemente ignoran cual es la voluntad de Dios para sus hijos.

Abraham, Jacob, Job, José y muchos otros hombres y mujeres de Dios fueron bendecidos y prosperados por Dios nuestro Padre, porque le conocían, creyeron y confiaron en él, y anduvieron conforme a su voluntad.

Hoy al inicio de este nuevo año, yo también, como Pablo, quiero exclamar en voz alta la voluntad de Dios para ti, orando siempre para que él te prospere en todas y cada una de las actividades de tu vida, mientras das testimonio de la doctrina de la verdad en tu diario andar, no sólo este 2017, sino por siempre y para siempre.

Y debo agregar, que no es sólo mi deseo de año nuevo para ti y todo aquél lea este humilde mensaje, sino recordarte una vez más, que esa es la voluntad de Dios para sus hijos, nosotros, los creyentes cristianos renacidos del espíritu de Dios, para cada día de nuestras vidas.

 ¡Escrito está!

¡Así ha dicho el Señor!

E. S. N.

J. E. R. S.
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En la segunda parte de esta enseñanza vimos algunas de las funciones fundamentales de cuatro de los cinco dones de ministerio dados a la iglesia d Dios. Culminaremos nuestro tema describiendo algunas de las funciones y la fundamental importancia del ministerio de un maestro.

Maestro.

Un maestro es alguien que enseña, y en este caso debe ensañar la verdad de la Palabra de Dios correctamente dividida. ¿Recuerdan que la Palabra de Dios es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, y que esas tres cosas juntas significan instruir en justicia? Pues un maestro instruye, y en la iglesia debe instruir en justicia con la Palabra de Dios.

(Hechos 13:1) Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. {2} Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

Estos fieles creyentes podían operar cualquiera de los cinco ministerios, aquí se resaltan específicamente dos, que seguramente, era lo que más se necesitaba en ese momento; profetas y maestros. Pablo y Bernabé, además de ser apóstoles, fueron elegidos para específicamente operar esos ministerios en sus vidas, declarar y enseñar la Palabra de Dios correctamente dividida, y eso es precisamente lo que hicieron, exhortando a otros a que hicieran lo mismo.

(1 Timoteo 1:1) Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, {2} a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. {3} Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, {4} ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. {5} Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, {6} de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, {7} queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.

Estos cuantos versículos nos muestran las características básicas de un buen maestro, alguien de corazón limpio, que tiene y practica el amor de Dios en su vida, de buena conciencia y de fe no fingida. Un maestro debe ser un creyente fiel genuino, y no debe desviarse a enseñar vanas palabrerías.

El versículo 7 menciona algo que aún en nuestros días ocurre, la palabra griega traducida como “doctores,” también puede traducirse como “maestros.” Muchos que hoy se hacen llamar “doctores” de la ley, tampoco entienden ni lo que hablan ni lo que afirman.

(2 Timoteo 4:1) Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, {2} que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. {3} Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, {4} y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

Aquí podemos ver la instrucción en justicia en acción. El versículo dos dice que en todo tiempo redarguye, reprende, exhorta, con toda paciencia y toda doctrina, o sea, toda enseñanza. Un maestro también debe ser paciente, cuando instruye en justicia a sus discípulos. En la actualidad, mucha gente no resiste la sana doctrina, y prefieren hacer caso a fabulas de viejas.

(Tito 2:1) Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. {2} Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. {3} Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; {4} que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, {5} a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Un maestro debe enseñar la sana doctrina, la sobriedad, la prudencia. Debe enseñar a su gente a creer, a amar con el amor de Dios y a ser pacientes. La palabra ancianos y ancianas se refieren ahombres y mujeres maduros en el conocimiento de la Palabra de Dios, ellos para desempeñar cualquier función o ministerio dentro de la iglesia, debían llenar esos requisitos de sobriedad, prudencia, fe, amor y paciencia, las cualidades que un maestro debe tener y también enseñar a los demás. A las mujeres firmes en la Palabra, se les exhorta a ser maestras del bien, para enseñar a las más jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de sus hogares, buenas y a sujetarse a sus maridos para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.

El ministerio del maestro es de vital importancia, debe enseñar la Palabra de Dios correctamente dividida para que el creyente cristiano madure y llegue al punto que pueda mantenerse firme por su propia cuenta, y sea capaz de enseñar también a otros.

(Hebreos 5:12) Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. {13} Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; {14} pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Un maestro debe enseñar a sus discípulos para que estos lleguen a valerse por sí mismos, así como el apóstol, el profeta, el evangelista y el pastor, un maestro también tiene la habilidad de operar las nueve manifestaciones del espíritu santo. Jesús nuestro más grande ejemplo, el maestro perfecto, enseñó, predicó, sanó, y trajo liberación a la gente a la que enseñaba la Palabra de Dios.

(Mateo 4:23) Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Ser maestro no es fácil, no todo mundo cree, ni todo mundo acepta lo que se les enseña. Jesús mismo se maravilló de la incredulidad de la gente a la que enseñaba.

(Marcos 6:5) Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. {6} Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

El hecho de que muchos no crean cuando tú enseñes, no significa que debes dejar de enseñar, Jesús mismo continuó enseñando a pesar de que muchos no creyeran.

(Lucas 5:17) Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. {18} Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. {19} Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. {20} Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. {21} Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? {22} Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? {23} ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? {24} Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. {25} Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.

Un maestro debe enseñar, así como Jesús lo hizo, y así como él conocía la voluntad del Padre, un maestro debe conocer la voluntad revelada de Dios en su santa Palabra y saber dividirla correctamente. La enseñanza correcta produce sanidad, así como Jesús dio sanidad en sus tiempos, un maestro también sana, y libera a la gente de la oscura ignorancia en la que el adversario quiere mantener a la gente, especialmente a la gente de Dios, que ha sido engañada y ha creído las fábulas de viejas y doctrinas de demonios.

(2 Pedro 2:1) Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. {2} Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, {3} y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

La avaricia es uno de los enemigos todos los ministerios especialmente profetas y maestros, pero aunque ellos tendrán su merecida paga a su debido tiempo, debemos estar alertas de los falsos profetas y de los falsos maestros y apegarnos a la sana doctrina enseñada por los verdaderos maestros que enseñan la Palabra de Dios correctamente dividida.

¿Recuerdas nuestro versículo inicial?

(2 Pedro 1:20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, {21} porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Debemos reconocer la Palabra de Dios y diferenciarla de las fábulas de viejas, de las doctrinas de demonios, y de las herejías destructoras. Por esa razón la función del maestro es de vital importancia en las iglesias de hoy.

(2 Pedro 1:19) Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

Eso es lo que dice la Palabra de Dios porque es la voluntad revelada de Dios. Un maestro es alguien que lleva la luz del entendimiento de la Palabra de Dios para disipar las tinieblas de ignorancia en la que la gente de Dios se encuentra esclavizada, y alumbra el camino a la verdad hasta que el lucero de la mañana resplandezca trayendo la liberación a nuestras vidas.

¿Recuerdas cuál es el propósito de todos esos dones de ministerio?

(Efesios 4:12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, {13} hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; {14} para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, {15} sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, {16} de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Para:

 • Perfeccionarnos para la obra del ministerio, que entre las buenas obras, es la mejor obra de todas, porque ayuda a edificar la iglesia, el cuerpo de Cristo.
 • Que lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento de Jesucristo, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, a un varón perfecto.
 • No dejarnos mover por cualquier viento de doctrina como niños fluctuantes, ni dejarnos engañar por estratagemas de hombres astutos que emplean las artimañas del error.
 • Que sigamos la verdad en amor, con el propósito de crecer en todo en Cristo quien es la cabeza del cuerpo.
 • Ser miembros activos del cuerpo de Cristo, creciendo al desarrollar nuestra propia función o ministerio unidos entre sí y en armonía.
 • Edificar la iglesia de Dios en amor.

El amor mencionado en los versículos anteriores es algo especial, tan necesario como los ministerios de los apóstoles, evangelistas, profetas, y pastores; y tan fundamental como el ministerio de un maestro. Amor, es la palabra griega agápe, no es el amor que el mundo ofrece, no es humano, es súper natural, es el más grande amor, es el amor de Dios en la mente renovada en práctica. Ya que vimos para que sirven todos esos dones de ministerio, ¿sabes cuál es la meta final? La última parte del versículo 16 en Efesios 12 lo enfatiza: El propósito de los dones de minsterio es fundamentalmente que el creyente cristiano crezca, con la finalidad de: ¡Edificar la iglesia de Dios en amor!

(1 Corintios 12:27) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. {28} Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. {29} ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? {30} ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?

1 Corintios 12 menciona otras funciones además de los cinco dones de ministerio, funciones que también son tanto importantes como necesarias para la obra del ministerio, o sea, para el movimiento de la Palabra de Dios. Se necesitan aquellos que administran, aquellos que ayudan en diversas maneras; todos juntos, desde las funciones más notorias, como los dones de ministerios, hasta la más imperceptible, como el que barre, limpia, y saca la basura, son necesarias y deben llevarse a cabo, porque como miembros del cuerpo de Cristo, cada uno debe funcionar. Si no estamos a gusto con la función que desempeñamos, debemos quizás abundar más en nuestra creencia para crecer, desarrollarnos y madurar dentro del cuerpo de Cristo.

(1Corintios 12:31) Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aun más excelente.

Independientemente del ministerio que operemos, o la función que desempeñemos dentro de la iglesia, un camino aún más excelente es el camino del amor, del más grande amor, el amor de Dios en la mente renovada en práctica.

(1 Corintios 13:1) Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. {2} Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. {3} Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. {4} El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; {5} no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; {6} no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. {7} Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. {8} El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. {9} Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; {10} mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. {11} Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. {12} Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. {13} Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

 Yo puedo decir que soy un creyente cristiano, pero si no tengo el amor de Dios en la mente renovada en práctica, el más grande amor, no soy nada. Puedo decir que soy un apóstol, o un profeta, o un evangelista, o un pastor, o un maestro, pero si no tengo el más grande amor en mi vida, si no camino manifestando el amor de Dios en mi mente renovada en mi diario andar, nada soy, nada valgo y nada tengo.

Si somos capaces de entender primeramente, que ninguna profecía de la escritura fue traída por voluntad humana, que toda ella es respirada de Dios y útil, que trae beneficio a nuestras vidas, por medio de la enseñanza, la reprensión, y la corrección, para instruirnos en justicia, a fin de que nosotros los hijos de Dios lleguemos a ser completos, enteramente preparados para toda buena obra, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Y somos capaces también de entender que Dios, mediante Jesucristo dio dones a los hombres, dones de ministerio que deben operarse para ministrar a la gente de Dios en las iglesias cristianas. Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, con el fin de perfeccionar a los santos, que somos nosotros, los hijos de Dios, para la obra del ministerio, entendiendo también que esos ministerios nos ayudan a llegar a la unidad de la fe y del conocimiento de Jesucristo, para alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, a un varón perfecto, para no dejarnos mover por cualquier viento de doctrina, y a crecer en todo en Cristo, para que como miembros en particular del cuerpo de Cristo, podamos estar bien concertados y unidos entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad o la función propia de cada uno de nosotros, para recibir nuestro crecimiento e ir edificándonos en amor.

La meta final de operar estos dones de ministerio al igual que todas las demás funciones, tanto los que administran como los que limpian y sacan la basura, dentro de la iglesia es, edificar el cuerpo de Cristo, o sea, ¡edificar la iglesia de Dios!

Cualquiera pues que sea tu ministerio, o la función que desempeñes en tu iglesia hazlo con honestidad, con humildad, con limpio corazón, sencillez y justicia, sin olvidar el ingrediente más importante en tu andar como creyente cristiano, el amor de Dios.

La Palabra de Dios dice que a su tiempo todo acabará, las profecías, las lenguas cesarán, se acabarán las ciencias, y cuando lo perfecto llegue solo el amor de Dios en la mente renovada en práctica prevalecerá, porque de todo lo que Dios establece en su Palabra, no hay nada más grande, más importante y más eterno que el amor de Dios. Mientras tanto, te exhorto a que ejerzas tu ministerio, o lleves a cabo la función que desempeñes dentro del cuerpo de creyentes, que por muy irrelevante que tú pienses que esta sea, es necesaria y también es importante, hasta el retorno de nuestro señor y salvador Cristo Jesús.

¡Dios te bendiga!

E. S. N.

J.E.R.S.
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 En la primera parte vimos como es que la Palabra de Dios vino a ser, vimos que toda ella es respirada de Dios, que es de provecho para aquellos que la practican y que la voluntad de Dios es que todos seamos instruidos en justicia por medio de la enseñanza, la reprensión y la corrección, que su Palabra misma da, con el propósito de estar enteramente preparados para toda buena obra. Vimos que Dios también desea que la estudiemos diligentemente para usarla bien o dividirla correctamente, porque esa es la única manera de presentarnos aprobados ante Dios nuestro Padre celestial. Vimos que el libro de Efesios fue un mensaje enviado a todas las iglesias, y que el espacio donde aparece la palabra Éfeso estaba en blanco, de modo, que fuese llenado con el nombre de las diferentes iglesias a donde la carta se enviara, y que de acuerdo al texto Griego, nos damos cuenta que esta carta no solo estaba dirigida a los santos que estaban en Éfeso, o en cualquiera de las iglesias a donde esta carta fuese enviada, sino a todos los fieles en Cristo Jesús, lo que nos incluye a ti y a mí. Vimos también que el libro de Efesios es un libro doctrinal, donde se encuentran los estatutos de Dios, las instrucciones a seguir para ser instruidos en justicia.

Continuemos pues nuestra enseñanza acerca de los dones de ministerio, aquí mismo en el libro de Efesios y conozcamos algunas de las funciones de esos ministerios dados a la iglesia de Dios.

(Efesios 4:1) Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,

El versículo uno del capítulo cuatro está justo en medio de la doctrina y la práctica, y nos exhorta a un andar digno, que además de ser propio o correcto, debe ser balanceado. La palabra griega traducida como: “digno,” también significa “eje,” como el eje de una balanza, donde la doctrina y la práctica se balancean perfectamente. La palabra “vocación” es simplemente un “llamado,” Dios quiere que nuestro andar sea perfectamente balanceado entre la doctrina y la práctica, conforme al “llamado” con que nos llamó. Los siguientes versículos describen nuestro andar:

(Efesios 4:2) con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, {3} solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

Los versículos del 4 al 6 nos muestran a lo que debemos sujetarnos.

(Efesios 4:4) un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; {5} un Señor, una fe, un bautismo, {6} un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Los versículos del 7 al 10 hablan de la gracia que se nos ha dado conforme a la medida del don de Cristo, y describen lo que Cristo hizo por nosotros.

(Efesios 4:7) Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. {8} Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. {9} Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? {10} El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

El versículo 11 enlista los cinco dones de ministerio dados a la iglesia, y el 12 nos muestra el propósito de tales dones.

(Efesios 4:11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, {12} a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

El versículo 13 describe hasta cuándo es que esos dones de ministerio deben aplicarse o funcionar en las iglesias.

(Efesios 4:13) hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Hablemos pues de los dones de ministerio, que son: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores, y Maestros.

Apóstoles.

Un apóstol es un mensajero, alguien que es enviado para llevar un mensaje. En el caso de la Palabra de Dios, un apóstol es un mensajero del ministerio de la reconciliación, un embajador enviado a predicar el reino de Dios.

(Lucas 9:1) Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. {2} Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.

La frase “y los envió” del versículo 2 es la palabra “apostello” que significa: “enviados.” Otra de las responsabilidades de los apóstoles, además de dar testimonio de la resurrección de Jesucristo, era distribuir el “compartir abundante,” o sea, el dinero y los bienes que los creyentes daban a la iglesia para ayudar a los creyentes en necesidad. El diezmo, del que hablaremos en otra ocasión, no está diseñado para la iglesia de Dios, era la manera de dar financieramente del pueblo judío, de acuerdo a la ley del antiguo testamento. La ayuda financiera que debe darse en la iglesia de hoy se llama “compartir abundante,” del cual hablaremos con mucho más detalle en otra ocasión. Los siguientes versículos nos muestran que los apóstoles repartían el “compartir abundante” según la necesidad de los creyentes.

(Hechos 4:33) Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. {34} Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, {35} y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. {36} Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, {37} como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.

Profetas.

Un profeta es en realidad un vocero, alguien que habla inspirado por Dios, alguien que declara la Palabra escrita o predice algún acontecimiento futuro únicamente por revelación directa de parte de Dios.

Un profeta que ejerce su ministerio adecuadamente no anda espantando a la congregación haciendo profecías personalizadas. No creas a esos charlatanes que se hacen pasar por profetas cuando vengan a decirte que Dios les ha dado un mensaje para ti. Dios te hará saber a ti primeramente lo que quiere que hagas, antes de decírselo a alguien más. Lee el relato sobre Saul y el profeta Samuel que se encuentra en 1 Samuel 9.

(1 Samuel 9:15) Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo: {16} Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí. {17} Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi pueblo.

Si tú crees ser profeta o ejerces el ministerio de un profeta, debes saber que Dios hablara directamente contigo y te dará instrucciones precisas que al tiempo debido siempre se cumplirán. El relato de la sanidad de Pablo después de su conversión nos muestra también como es que Dios trabaja con su gente.

(Hechos 9:10) Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. {11} Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, {12} y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.

Dios ya le había mostrado a Pablo en una visión que Ananias vendría a ministrarle sanidad. Una clave importante para permitir que Dios siempre nos deje saber a nosotros primero que a nadie lo que quiere que nosotros hagamos, es la oración constante, es la única manera de mantenernos en contacto directo con nuestro Padre celestial, el no tiene que mandarte a nadie antes de que tu sepas lo que tienes que hacer, como en los casos anteriores.

(Santiago 5:10) Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Jesús mismo fue un profeta, él siempre declaró la Palabra de Dios, enseñó las escrituras a sus discípulos y les mostró las profecías escritas acerca de su venida, su muerte, su resurrección y su ascensión.

(Mateo 1:22) Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:{23} He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

El apóstol Pedro, justo el día de Pentecostés, por revelación declaró lo que anteriormente había dicho el profeta Joel acerca de la iglesia de Dios.

(Hechos 2:16) Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: {17} Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; {18} Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

¡Un profeta puede hace predicciones futuras, pero siempre por revelación divina, y siempre declara la verdad de la Palabra de Dios!

Evangelistas.

Un evangelista es un predicador del evangelio, alguien que declara las buenas nuevas, aquél que lleva la luz de la Palabra de Dios a las generaciones presentes.

(2 Timoteo 4:5) Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.

Quizás el ministerio del evangelista no sea tan simple como parece, o a lo mejor lo es, porque implica entre otras cosas el ser sobrio, lo que significa que debe ser moderado, no borracho, atento en su carácter o conducta, grave, serio, no emocional, bien equilibrado. Además debe soportar las aflicciones, o sea, las distracciones mentales para cumplir con su ministerio.

(Hechos 21:8) Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él.

El libro de hechos nos habla de Felipe, el evangelista, uno de los siete primeros discípulos escogidos por los apóstoles para ministrar la Palabra de Dios y tomar cuidado de los creyentes.

(Hechos 6:1) En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. {2} Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. {3} Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. {4} Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. {5} Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; {6} a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.

Una de las primeras aflicciones que Felipe tuvo que afrontar, fue la persecución a la que la iglesia del primer siglo fue expuesta. En la actualidad nosotros no tenemos que sufrir persecución, las presiones quizás sean diferentes, pero siempre provienen del adversario, en variadas formas. Los siguientes versículos relatan lo que aconteció después de la muerte de Esteban, otro gran seguidor de Jesús.

(Hechos 8:1) Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. {2} Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. {3} Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. {4} Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. {5} Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. {6} Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. {7} Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; {8} así que había gran gozo en aquella ciudad. {9} Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. {10} A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. {11} Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. {12} Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. {13} También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.

Felipe predicaba el evangelio de Cristo a la multitud y la gente se maravillaba con los milagros y señales que operaba. Un evangelista, al igual que un apóstol, y que un profeta, tiene el don del espíritu santo en su interior, por lo cual tiene la capacidad de operar las nueve manifestaciones del espíritu santo, y hacer milagros maravillas y señales en el nombre de Jesucristo. Un evangelista predica las buenas nuevas del reino de Dios.

Pastores.

Los pastores son mencionados docenas de veces a través de la Biblia, desde Génesis hasta Revelaciones. Grandes hombres de Dios como Abraham, Moisés, y el rey David, fueron pastores. Dios mismo se asemeja a un pastor que cuida su rebaño.

(Isaías 40:10) He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. {11} Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.

(Salmo 23:1) Jehová es mi pastor; nada me faltará. {2} En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. {3} Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. {4} Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. {5} Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. {6} Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Jesús nuestro mayor ejemplo, es el buen pastor.

(Juan 10:1) De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. {2} Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. {3} A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. {4} Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

En la primavera, el pastor lleva a su rebaño a pastar en buenos pastizales, a saborear los suculentos retoños frescos de la estación, cuando nuevos críos nacen agrandando el tamaño del rebaño. Durante el verano lleva su rebaño a lugares más frescos en la altura de las montañas, muchas de las veces durmiendo a la intemperie y tomando buen cuidado de él al protegerlo de las bestias salvajes, los chacales y las hienas, con su suave voz el pastor calma al nervioso rebaño. Al atardecer, el buen pastor cuenta a cada una de sus ovejas y se asegura que estén sanas y sin daño alguno. En las mañanas el rebaño lo sigue a los pastizales y al medio día lo guía a los manantiales a refrescarse con el agua. Durante el tiempo frío lleva su rebaño a casa para protegerlo del invierno y evitar que la lluvia, el granizo o la nieve los lastime. Desde el mes de Noviembre hasta la llegada de la primavera el pastor no alimenta a su rebaño a la intemperie por la inclemencia del invierno.

(Juan 10:7) Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. {8} Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. {9} Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. {10} El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. {11} Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. {12} Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. {13} Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. {14} Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, {15} así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. {16} También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. {17} Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. {18} Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

Jesús no solo es el buen pastor, sino, el gran pastor que murió por nosotros, sus ovejas, y por su sangre fuimos comprados.

(Hebreos 13:20) Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, {21} os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

El versículo 21 dice que su sangre nos hace “aptos,” la traducción exacta es “nos restaura completamente, o nos hace completos,” por su sangre somos hechos completos, porque al aceptarlo como nuestro señor y salvador somos cuerpo, alma, y espíritu.

(1 Pedro 5:1) Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: {2} Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; {3} no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. {4} Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Un pastor no debe buscar ganancia deshonesta al tomar cuidado de su iglesia, tampoco debe señorear sobre ella como si fuera de su propiedad, y debe ser diligente para apacentarla con la Palabra de Dios correctamente dividida. Jesucristo es nuestro mejor ejemplo. Un buen pastor debe seguir su ejemplo, algo que no es fácil de llevar a cabo. Ser un pastor es una enorme responsabilidad para los que tienen ese llamado, y así como existen los falsos profetas también existen falsos pastores y debemos aprender a reconocerlos para alejarnos de ellos o apartarlos de la congregación. Además de que el ministerio de un pastor conlleva una responsabilidad tremenda, reserva también un maravilloso privilegio, porque al final de una labor humilde, honesta, amorosa y justa le espera una corona incorruptible de gloria.

Hasta aquí, hemos visto cuatro de los cinco dones de ministerio dados a la iglesia. En la tercera parte de esta enseñanza, culminaremos con el ministerio del maestro, y veremos la importancia que este ministerio tiene para instruir en justicia a la iglesia de Dios al enseñar la Palabra de Dios correctamente dividida.

¡Dios te bendiga!

E. S. N.

J.E.R.S.
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En esta enseñanza quiero compartir acerca de los dones de ministerio y sus funciones dentro de la iglesia, y para poder explicar este maravilloso tema, necesito mostrarles algunas verdades que son el fundamento que todo creyente cristiano debe cimentar en el corazón de su mente.

(2 Pedro 1:20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, {21} porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Lo primero que tenemos que entender es que ninguna profecía de la escritura salió de la mente del hombre, y eso es exactamente lo que dice el versículo anterior. No fue Abraham, ni Moisés, ni Isaías, ni Amós, ni Juan, Mateo o Pablo, quienes por la gran imaginación que tenían decidieron escribir lo que escribieron. La misma Palabra de Dios nos dice cómo es que la Palabra de Dios vino a ser.

(2 Timoteo 3:16) Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, {17} a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

La palabra “inspirada” significa “respirada” o “exhalada.” Este versículo enseña que toda la escritura fue exhalada o respirada por Dios, y cuando Dios exhaló su Palabra inspiró a sus santos hombres a escribirla, como dice en 2 Pedro 1:21. Los santos hombres de Dios, hablaron, siendo inspirados por el espíritu santo, no porque quisieron escribir sus memorias, ni sus vivencias con Jesús.

Así que lo primero que debemos entender es que ninguna profecía de la escritura se originó en la mente de aquellos que la escribieron, sino que por medio del espíritu santo Dios los inspiró a escribir su verdad, pues fue Dios mismo quien respiró su Palabra.

2 Timoteo 3:16 también nos dice que su Palabra es útil, lo que significa que es de beneficio, pues trae provecho a quienes la practican y la aplican. La Palabra de Dios es útil para enseñar, esa enseñanza es la doctrina correcta, los lineamientos que Dios establece en su Palabra. Es útil para redargüir, redargüir significa “amonestar, llamar la atención, reprender,” lo que comúnmente conocemos como “regañar.” La Palabra de Dios nos reprende cuando no estamos siguiendo la doctrina correcta, y es útil también para corregir. Nos corrige del error al no seguir la doctrina correcta y nos lleva de vuelta a los lineamientos que Dios estableció en su Palabra. Estas tres cosas juntas, la doctrina, la reprensión, y la corrección, son, instruir en justicia. La Palabra de Dios es útil para instruir en justicia por medio de la enseñanza, la reprensión y la corrección. El versículo 17 de 2 Timoteo 3, nos muestra el propósito de esa instrucción en justicia. “A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Hay algunas cosas más que debemos entender en este versículo. En primer lugar, entender que la frase “hombre de Dios,” no se refiere exclusivamente a los apóstoles y profetas que escribieron la Palabra de Dios, ni a los pastores, ministros, reverendos, o doctores en teología, que tengan un rango o una posición de liderazgo en sus iglesias. Se refiere al pueblo de Dios, a los creyentes, aquellos que leen, estudian, creen, practican y aplican la Palabra de Dios en sus vidas. Se refiere a ti y a mí, a los hijos de Dios. Todo creyente cristiano debe ser instruido en justicia por medio de la Palabra de Dios.

En segundo lugar, la palabra “perfecto,” significa “completo.” Como sabemos, cuando nacemos a este mundo, somos hombres y mujeres de dos partes, cuerpo y alma, y solo cuando renacemos del espíritu de Dios recibimos esa tercera parte que nos hace completos, para ser hombres y mujeres de cuerpo, alma, y espíritu. O sea, que, cuando aceptamos a Jesucristo como señor y salvador de nuestras vidas somos completos, y ser completos es un requisito para llevar a cabo el propósito de la Palabra de Dios en nuestras vidas, que es, estar enteramente preparados para toda buena obra.

En tercer lugar, debemos notar que 2 Timoteo 3:17 dice que debemos estar enteramente preparados para toda buena obra. Un doctor no sería doctor si no estudiara medicina, un ingeniero no lo sería si no estudiara ingeniería, un carpintero tampoco lo sería si no aprendiera el oficio de la carpintería. Me refiero a, que, para conocer y ejercer una profesión o un oficio, debemos prepararnos, debemos estudiar, ya sea asistiendo a la universidad, o siendo aprendiz en un taller, hasta llegara a tener la preparación necesaria. Para solucionar problemas en el caso del ingeniero, para sanar alguna dolencia, en el caso del doctor, o para construir un gabinete, una silla o algún mueble en el caso del carpintero. Dios no solo quiere que nosotros los creyentes cristianos, sus hijos, estemos preparados, sino enteramente preparados para toda buena obra. Por ello, debemos estudiar, debemos prepararnos para hacer lo que Dios propuso en su corazón, que nosotros, sus hijos, lleváramos a cabo. Y el siguiente versículo nos muestra cómo hacer eso.

(2 Timoteo 2:15) Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

La frase “procura con diligencia” del griego, también pudiera traducirse como: “esfuérzate, labora, sé diligente, estudia.” La versión en Ingles dice “Estudia,” pero el interlineal griego-español dice: “Pon diligencia en ti mismo.” Cualquiera de estas traducciones en realidad funciona, porque ya sea que procuremos con diligencia, nos esforcemos, pongamos diligencia, o estudiemos, debemos usar bien la Palabra de Dios, para así, presentarnos aprobados ante él, no ante el mundo, no ante los hombres, el jefe, el vecino, los amigo, o nadie más, solo ante Dios. Y no vamos a presentarnos aprobados ante Dios si no conocemos y usamos bien su Palabra, ni estaremos enteramente preparados para toda buena obra. Solo siendo diligentes y estudiando la Palabra de Dios es que vamos a poder estar no solo preparados, sino, enteramente preparados para toda buena obra. ¿Por qué para toda buena obra? Porque Dios preparó de antemano que anduviésemos en ellas.

(Efesios 2:10) Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Las buenas obras son algo que Dios considera importantes para nuestro andar cristiano, y nos exhorta a llevarlas a cabo en nuestro diario andar.

(Mateo 5:16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Dios quiere que la luz de la Palabra de Dios que mora en nuestro interior, alumbre delante de los hombres, para que al ver nuestras buenas obras, glorifiquen a Dios que está en los cielos.

(Tito 2:7) presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, {8}palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.

Debemos ser ejemplos de buenas obras, enseñando la Palabra de Dios con integridad y seriedad, para que el adversario se avergüence y no tenga nada malo que decir de nosotros.

(Tito 3:8) Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

Debemos ocuparnos de hacer buenas obras, cosas que son buenas y útiles para los hombres. Y estimularnos unos a otros a realizarlas con amor cada día.

(Hebreos 10:24) Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;

¿Ven cuán importante es para Dios el hecho, de que nosotros, sus hijos, abundemos en buenas obras?

(2 Corintios 9:8) Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;

Cuando abundamos en ellas, Dios se encargará de que tengamos siempre en todas las cosas todo lo suficiente en todo. Estas buenas obras deben realizarse dentro y fuera de la iglesia, para creyentes como para incrédulos, en todo momento, pero sobre todo para los creyentes.

(Gálatas 6:10) Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Más claro no puede estar, Dios quiere que hagamos bien a todos, pero mayormente a nuestra familia espiritual, a los creyentes en nuestra congregación, y a los creyentes en general. Esta es una de las razones por las que dentro de la iglesia, tenemos también, dones de ministerio. Dones que nos ayudan a perfeccionar nuestro andar, con el propósito final de edificar el cuerpo de Cristo.

Así que, 2 Pedro 1:20,21 nos dicen que lo primero que debemos entender es que ninguna profecía de la escritura es de interpretación privada, pues no fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios fueron inspirados por el espíritu santo. Porque como dice 2 Timoteo 3:16, toda la escritura es respirada de Dios, porque, fue Dios mismo quien inspiró a sus santos hombres a escribir su Palabra. En 2 Timoteo 2:15 leímos que debemos estudiar, ser diligentes al procurar presentarnos aprobados ante Dios, usando correctamente su Palabra. La palabra “usa, usar, usando” realmente no comunican en su totalidad lo que la palabra griega significa. La traducción más exacta de esa palabra Griega es: “hacer una disección, un corte exacto, o dividir correctamente.” Como alguien que corta un pastel en partes exactamente iguales. Y una de las maneras de dividir correctamente la Palabra de Dios, es saber a quién está dirigida la Palabra de Dios.

(1 Corintios 10:32) No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios;

La Biblia claramente habla de tres grupos de gentes: judíos, gentiles y la iglesia de Dios, así que debemos entender que no toda la escritura está dirigida a todo mundo. Los judíos son el pueblo escogido de Dios, tanto por linaje como por religión. Nosotros no somos judíos, ni de sangre, ni de religión, por lo tanto no debemos adoptar para nosotros lo que está escrito y dirigido a ellos, en su mayoría, todo el antiguo testamento, incluyendo los evangelios. Los gentiles eran el resto de las naciones, las masas de incrédulos, todos aquellos que no eran judíos, incluyendo a los griegos, quienes eran considerados los intelectuales de la época, y que seguían sus propias filosofías. Para Dios, ellos también eran gentiles. Nosotros éramos gentiles antes de aceptar a Jesucristo como nuestro señor y salvador. Pero después de aceptarlo, llegamos a formar parte de la iglesia de Dios, o como Dios lo establece en su Palabra, miembros de la familia de Dios, y 1 Corintios 10:31 nos exhorta a no ser tropiezo a nadie, ni a los judíos, a los gentiles, o sea, aquellos que aún no han aceptado a Jesucristo como su señor y salvador, ni a nuestros hermanos en la fe, la iglesia de Dios. No toda la Biblia está dirigida a todo mundo, aunque de todo lo que se escribió antes, podemos aprender. Así pues, es también fundamental entender a quién está dirigida la Palabra de Dios. 

(Romanos 15:4) Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

Podemos aprender de las cosas que se escribieron antes, aunque no fueron necesariamente escritas para nosotros. Podemos aprender de la paciencia y de la consolación de las escrituras para tener esperanza, pero no vivir y actuar de acuerdo a lo que fue escrito para otros. Así que, debemos saber a quién está dirigido lo que leemos para determinar si debemos aplicarlo en nuestro andar. El Antiguo Testamento y los Evangelios contienen verdades que aplican y afectan a la humanidad entera, hay en ellos ciertas leyes inmutables que no tienen fecha de caducidad y están dirigidas a la humanidad entera, pero en su mayoría están dirigidos al pueblo judío. Las 7 epístolas a la iglesia, que prácticamente comprenden desde el libro de romanos hasta 2 Tesalonicenses, son las cartas dirigidas a la iglesia de Dios, o sea, nosotros los creyentes cristianos, los hijos de Dios.

El libro de Hechos es un libro de transición, que relata el derramamiento del espíritu santo en el día de Pentecostés, y representa el nacimiento de la iglesia cristiana. Describe los comienzos de la iglesia y el desarrollo del movimiento de la Palabra de Dios durante el primer siglo, algo que nunca se ha visto jamás en los tiempos modernos. Es en Hechos 11:26 donde leemos que en Antioquía fue donde a los creyentes se les llamó cristianos por vez primera.

(Hechos 11:26) Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.

Los cristianos somos los seguidores de Cristo, los que vivimos de acuerdo a su Palabra que es la voluntad revelada de Dios, y como Cristianos, debemos leer, estudiar, creer, practicar y aplicar en nuestro andar lo que está dirigido a nosotros en las epístolas a la iglesia. Vamos al libro de Efesios donde veremos un perfecto ejemplo de cómo dividir correctamente la Palabra de Dios.

(Efesios 1:1) Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso:

Si leemos esto literalmente, entendemos que la carta fue enviada a los santos y fieles de Éfeso, pero el señor E. W. Bullinger, un gran estudioso de la Palabra de Dios dice que la palabra “Éfeso” no aparece en algunos de los manuscritos más antiguos. Y la razón de ello, según explica, es que la epístola era una encíclica, o sea, un mensaje enviado a todas las iglesias, y que el espacio donde aparece la palabra Éfeso estaba en blanco, de modo, que fuese llenado con el nombre de las varias iglesias a donde la carta se enviara. Ahora, de acuerdo al texto Griego, el versículo uno del libro de Efesios lee:

“Pablo, apóstol de Cristo Jesús mediante la voluntad de Dios, a los santos que están en Éfeso, y a los fieles en Cristo Jesús.”

Al leerlo del texto Griego, nos damos cuenta que esta carta no solo está dirigida a los santos que están en Éfeso, o en cualquiera de las iglesias a donde esta carta fuera enviada, sino también a los fieles en Cristo Jesús, ¿eres tú fiel en Cristo Jesús? Entonces también está dirigida a ti, esta epístola está dirigida en primer lugar a los santos que están en Éfeso, y en segundo lugar, a los fieles en Cristo Jesús, o sea, la iglesia de Dios. Una epístola es simplemente una carta, pero una de las características de estas cartas, era que después que era leída en la iglesia a la que se dirigía, era también compartida con otras iglesias, de tal modo que el mensaje de la Palabra de Dios se difundía y era conocido a través de toda la región, como anteriormente lo explica el señor Bullinger.

Si dividimos correctamente la Palabra de Dios sabremos con exactitud a quien realmente está dirigido lo que leemos, y el libro de Efesios, como el resto de las epístolas a la iglesia están dirigidas a la iglesia de Dios.

Vimos como es que la Palabra de Dios vino a ser, y algunos fundamentos básicos que debemos arraigar en nuestras mentes. Vimos que la doctrina es la enseñanza, por medio de la cual, de la reprensión, y la corrección, Dios quiere que todo creyente cristiano sea instruido en justicia. Que Dios quiere que nos presentemos aprobados a él solamente, siendo diligentes al estudiar y dividir correctamente su santa Palabra, con el propósito de ser hombres de Dios completos, enteramente preparados para toda buena obra. Vimos que debemos aprender a reconocer a quién están dirigidas las escrituras para poder aplicar en nuestro andar todo lo que Dios quiere que hagamos.

El libro de Efesios es un libro doctrinal, donde se encuentran los estatutos de Dios, las instrucciones a seguir para estar instruidos en justicia. El libro de Efesios se divide en dos partes, doctrina y práctica, los tres primeros capítulos de Efesios establecen la doctrina, los lineamientos a seguir para un andar recto. Los tres últimos capítulos establecen la práctica, la aplicación correcta de la doctrina enseñada en los capítulos iniciales.

En la siguiente parte continuaremos leyendo un poco más sobre el libro de Efesios, especialmente lo que se refiere a la práctica, y aprender acerca de los dones de ministerio, mientras tanto, te exhorto a que leas los tres primeros capítulos y conozcas la doctrina a la que como hijos de Dios debemos adherirnos y reconocer con gratitud, todo lo que tenemos gracias a la obra completa de nuestro señor y salvador Jesucristo, y al maravilloso plan de salvación que nuestro Dios todo poderoso, creador del cielo y de la tierra diseñó, para redimir a la humanidad liberándola de la condenación de Adán y rescatarla de las garras del adversario.

¡Dios te bendiga!

E. S. N.

José Edixon Rosales Serna
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Años atrás, mi amada esposa “Dulce” compartió acerca de una fórmula “para un andar recto” que nuestro pastor y ministro Jerry Brown estaba enseñando en esos tiempos. Yo solo quise explicar el uso de algunas palabras Griegas y hacer un poco más clara esta enseñanza. Los puntos son:

1. Se humilde ante Dios - Reverencia todas las cosas de Dios de acuerdo a su Palabra.

2. Obedece a Dios - Obedece su palabra

3. Resiste al diablo.

Ya sabemos que el libro de Efesios es el desayuno de los campeones, pero para que seamos en realidad esos campeones espirituales; debemos hacer algo que el mismo libro de Efesios nos recomienda:

(Efesios 4:1) Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, {2} con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,

Debemos andar dignamente, siendo humildes y mansos. ¿Cómo es que podemos hacer eso? ¡Soportándonos con paciencia unos a otros en amor! “Soportándoos” es la palabra griega anécomai; que básicamente significa: “soportar”, no a manera de apoyarnos o respaldarnos unos a otros, sino de “tolerarnos.” Veamos un par de ejemplos que nos ilustrarán la manera correcta en la que debemos soportarnos unos a otros.

(2 Corintios 11:1) ¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme.

(2 Corintios 11:4) Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis;

(2 Corintios 11:19) porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. {20} Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas.

Pablo habla de tolerancia en todos estos versículos, y aunque escribió eso siglos atrás, esto continúa siendo verdad a través de los tiempos. Si los cristianos han sido capaces de tolerar la predicación de otro Jesús, de otros evangelios, de otros espíritus. Si hemos tolerado a los necios, la esclavitud, que se nos devore, que se nos robe, y que nos abofeteen. ¿Por qué no podemos tolerar nuestras diferencias, nuestra incredulidad, nuestras faltas, nuestros errores y defectos unos a otros? La razón, es la segunda palabra que también quiero recalcar, la palabra “paciencia.” No hay tolerancia, si no hay paciencia, y la paciencia es un fruto del espíritu, algo que se desarrolla en el andar cristiano. “Paciencia” proviene de la palabra Griega macrothumía que significa: “poner la ira lo más lejos posible, o alejar la ira” también se ha traducido como “longanimidad” y como “sufrido.” En el antiguo testamento la palabra “paciencia o longanimidad” es la palabra Hebrea ‘arek. El siguiente versículo es un ejemplo claro del significado real de la palabra “paciencia.”

(Números 14:18) Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.

“Tardo para la ira” es nuestra palabra aquí. Otro claro ejemplo del uso de la palabra “paciencia” se encuentra en el libro de romanos:

(Romanos 9:20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? {21} ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? {22} ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, {23} y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,

Aquí vemos como Dios retrasó su ira para destrucción, mostrando misericordia. Eso es “paciencia” así es como “Macrothumía” debe correctamente traducirse. La “paciencia” es además una de las características del “amor,” que es la tercer palabra en cuestión que quiero también aclarar. “Amor” es la palabra griega agápe, que es el más grande amor, o el amor de Dios en la mente renovada en práctica. Todas estas palabras juegan un papel muy importante para que nosotros podamos de verdad soportarnos unos a otros.

Así que si queremos andar correctamente, en un andar digno de la vocación con que fuimos llamados, debemos ser mansos y humildes, tolerándonos unos a otros, alejando la ira lo más lejos posible de nosotros con el amor de Dios en nuestras mentes renovadas. Pero el libro de Efesios nos pide mucho más que tolerarnos unos a otros.

(Efesios 5:21) Someteos unos a otros en el temor de Dios.

Si tan solo para “soportarnos” unos a otros, batallamos enormidades ¿cómo es que podemos “someternos” unos a otros? Aquí también necesito aclarar ciertas cosas, porque en realidad, el texto griego en Efesios 5:21 lee: “…en el temor de Cristo.” Y tiene mucho sentido, porque antes de someternos a Dios, nuestro Padre celestial, debemos aceptar y confesar a Jesucristo como nuestro señor y salvador personal. Otra cosa que debo aclarar aquí es: que la palabra “someteos” del griego upotásso: significa: “subordinarse, estar bajo obediencia, someterse uno mismo.” Como ves, esto es algo en lo que Dios nos dio la responsabilidad. El quiere que todos nos sometamos voluntariamente, nadie más puede hacerlo por nosotros, sino nosotros mismos; por lo que si queremos llegar a ser humildes ante Dios, tenemos primero que someternos a Cristo. Ahora déjenme aclarar algo acerca de la palabra “temor.” Proviene de la palabra Griega fóbos, de la cual se deriva la palabra “fobia” que ha sido traducida de una manera negativa como: “temor, miedo, terror.” Pero traducida de una manera positiva significa: “respeto, reverencia (como una señal de respeto), admiración o asombro.” Por eso, cuando leemos la palabra “fobia” en la Biblia, tenemos que asegurarnos que se ajusta al contexto y está en perfecta armonía con el resto de las Escrituras. Sabiendo esto, en la frase “…en el temor de Cristo” la traducción correcta nos es “temor,” sino, respeto, o reverencia. ¿Por qué deberíamos tener miedo de Cristo, o de Dios? El someternos unos a otros, a Cristo, y a Dios, no debe ser motivado por el temor, sino por amor. Déjame mostrarte Efesios 5:21 de la Biblia Lamsa.

(Efesios 5:21) Someteos unos a otros en el amor de Cristo. (Biblia Lamsa)

Creo que esta es una traducción más precisa, ya que como he mencionado, nuestra sumisión unos a otros, a Cristo, y a Dios, debe ser motivada por amor, no por temor, y una gran razón para ello se encuentre en 1 Juan 4:

(1 Juan 4:19) Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Jesús mismo nos puso el ejemplo, al amarnos sin siquiera conocernos, él dio su vida por amor a la humanidad, ¿cómo no corresponder a quien nos da su amor sin esperar nada a cambio? Otro buen ejemplo es el amor que los padres tienen por sus hijos. Papá y mamá esperan con ansia la llegada de sus hijos, y aprenden a amarlos desde el mismo instante en que se dan cuenta que están esperando. Cuando nacen, los cuida, los protegen, los nutren, y les transmiten ese amor de mil maneras, al grado que los hijos aprenden también a amar a sus padres, a sus hermanos, familiares y amigos. El respeto basado en el amor, es mucho mejor que el respeto basado en el temor. Por eso el someternos unos a otros en el amor a Cristo se ajusta al contexto de lo que Efesios 5 enseña.

(Efesios 5:1) Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. {2} Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a símismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante

Y está también en perfecta armonía con el resto de las escrituras, como 1 de Juan.

(1 Juan 5:1)Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. {2} En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. {3} Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.

¡Someternos unos a otros es un mandamiento que no debería ser gravoso, cuando es motivado por amor!

El amor es un ingrediente fundamental en el proceso de someternos unos a otros, y en el proceso de ser obedientes a Dios. Nuevamente podemos ver el ejemplo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en el amor que él mostró por la iglesia.

(Efesios 5:22) Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; {23} porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

Este es un mandamiento para las esposas; la sumisión y la obediencia van de la mano.

(Efesios 5:24) Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Una mujer no puede sujetarse a su marido, a menos que sea humilde ante él, y lo reconozca como cabeza de la familia. Así como Cristo es cabeza de la iglesia, y todos nos debemos someternos a él, la esposa y los hijos deben sujetarse a la cabeza de esa familia. Así mismo, a los esposos se les manda que amen a sus esposas, al grado de dar sus vidas por ellas, como Cristo lo dio por su iglesia, protegiendo, proveyendo y alimentándola. Ese amor implica también mansedumbre y humildad, así que al amar a su esposa el hombre debe también ser humilde.

(Efesios 5:25) Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

Ya vimos que “amor” es la palabra griega agápe, el más grande amor, el amor de Dios en la mente renovada en práctica, del que aprendemos en 1 Corintios 13, junto con todas sus características.

¡La Biblia dice que si no tenemos agápe, nada somos!

(Efesios5:33) Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

¿Recuerdan lo que les dije acerca de la palabra Griega “fobia”? La palabra “respeto” en el versículo 33 es la palabra griega fobéo, en este caso, traducida correctamente. ¡Porque la mujer no debe tener miedo de su marido para someterse a él, sino respetarlo, obedecerlo, amarlo!

Aquí está un mandamiento para los niños, porque se supone que los hijos deben someterse y obedecer a sus padres.

(Efesios 6:1) Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. {2} Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; {3} para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Aquí está el mandamiento para todos los demás. (1 Pedro 5:1) Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: {2} Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; {3} no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. {4} Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Aunque esto aplica a todos los creyentes cristianos, tiene un especial énfasis hacia el liderazgo, porque un pastor, o una persona que tiene un oficio dentro de la iglesia, tiene la responsabilidad de apacentar la grey de Dios, cuidando de ella, no por interés personal, sino, voluntariamente, y con ánimo pronto, no sintiéndose más importantes que los demás o señoreándose sobre ellos, sino siendo ejemplos. La palabra “ejemplos” es la palabra Griega tupos, que significa “tipo, patrón, modelo.” Como los “tipos” o “cuñas” que se usaban para imprimir los diarios o los libros muchos años atrás. Un líder debe ser un modelo a seguir, un patrón, un ejemplo. Hay una gran recompensa para los que cumplen con este mandamiento, una corona incorruptible de gloria.

Los jóvenes por igual, deben sujetarse a sus mayores, algo que tristemente, es muy difícil de ver en nuestros tiempos, pues pareciera que los jóvenes de hoy no tiene respeto por nada, y desgraciadamente nuestra sociedad se ha contaminado con ideas absurdas de igualdad o justicia social, implementando leyes y ordenanzas banales, por encima de los más básicos principios y valores éticos y morales, de los cuales los jóvenes, hoy, toman ventaja. Pero el mandamiento para ellos, al igual que a todos los creyentes cristianos es:

(1 Pedro 5:5) Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.

Así como el amor, la humildad es vital para poder someternos unos a otros, pero esta humildad no tiene nada que ver con posición social, con preparación universitaria o profesional, o capacidad financiera. Aquí dice “…revestíos de humildad.” Aunque esta humildad no se viste como un traje que se pone y se quita dependiendo de la ocasión, es algo interno, algo que se vive y se refleja en el andar de un creyente cristiano, es todo lo contrario al orgullo, a la soberbia, y gracias a la humildad, podemos recibir más del favor de Dios en nuestras vidas.

(1 Pedro 5:6) Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; {7} echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

La humildad tiene mucho que ver con reconocer que nosotros no podemos resolver todos nuestros problemas, y permitir que Dios tome cuidado de ellos cuando hemos agotado todos los recursos a nuestro alcance. Cuando hacemos eso, Dios promete que tomará cuidado de ellos

(1 Pedro 5:8) Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; {9} al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

El diablo, no anda exactamente detrás de nuestros pasos, pero es el dios de este mundo, y busca ocasión para hacernos caer, más no debemos darle lugar. Cuando somos humildes, nos mantenemos firmes en nuestra creencia, y resistimos sus ataques, simplemente huirá de nosotros.

Si deseas aplicar la “fórmula para un andar recto” en tu vida, para que puedas resistir firmes en la fe, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente anda buscando a quien devorar, se humilde ante Dios y se obediente a su Palabra, al someterte a los demás en el amor de Cristo.

Cuando te hayas revestido de humildad, no sólo el diablo huirá de ti, sino que Dios te dará más gracia, y te exaltará a su debido tiempo. El versículo 4 en 1 Pedro 5 dice, que cuando aparezca el Príncipe de los pastores, recibirás la corona incorruptible de gloria, aunque, por ahora, Dios promete que él se hará cargo de todas tus ansiedades, porque él tiene cuidado de vosotros.

Mi pregunta para ti esposa es: ¿Te sujetarás, obedecerás, y amarás a tu marido?

Y a ti marido: ¿Amarás, y te sujetarás a tu esposa y a los demás?

Niños: ¿Se sujetarán, obedecerán y amarán a sus padres? Jóvenes: ¿Se sujetarán a sus mayores?

Todos: ¿Se someterán unos a otros en el amor a Cristo, para así someterse a Dios, nuestro Padre celestial? ¿Se revestirán todos de humildad?

¿Yo? ¿Un andar digno de la vocación con que fui llamado? ¿Con toda humildad y mansedumbre, tolerando la incredulidad, las faltas, las ofensas, y la necedad de otros, poniendo la ira lo más lejos posible de mí, con el amor de Dios en la mente renovada en práctica? ¿Sometiéndome a los demás en el amor de Cristo? ¡Me esforzaré a diario y procuraré hacerlo!

Y tú: ¿Lo harás también?

¡Dios te bendiga!

Con amor:

Dulce María  Zúñiga de Rosales
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(Salmo 73:1) Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. {2} En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. {3} Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos.

¿Se han deslizado tus pies alguna vez? ¿Has resbalado? ¿Cuántas veces no hemos volteado a ver el auto, la casa, la ropa, las cosas, de las figuras famosas? Cantantes, actrices, deportistas, políticos, todo tipo de celebridades que derrochan sus vidas, abierta y públicamente, ¿especialmente con los medios de comunicación social que se mueven a través de la televisión y la internet? Desafortunadamente nuestra juventud se ha dejado influenciar por las diferentes tendencias que entran a sus vidas a través de sus ojos y oídos.

Pero sin ir muy lejos, ¿quién de nosotros no ha volteado alguna vez, a ver las cosas de algún vecino o algún conocido que alardea de sus posesiones y su vida? ¿Especialmente cuando nos consideramos cristianos, y nos enteramos que esta gente no tienen a Dios en sus vidas? Asaf, el escritor de este salmo estaba pasando por ese tipo de situaciones, él creía en Dios pero se dejó llevar por sus sentidos, al ver cómo esos impíos alcanzaban riquezas. La palabra envidia en el versículo 3 significa: “estar extremadamente celoso,” Asaf, así se sentía.

(Salmo 73:12) He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. {13} Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia; {14} Pues he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas. {15} Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría. {16} Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí, {17} Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos.

El celo de Asaf era tal, que pensó que todo lo que él había hecho para seguir y obedecer a Dios había sido en vano, se sentía castigado todas las mañanas y azotado todo el día, al grado que considero hablar como ellos para engañar a los demás, era muy duro para el resistir tal tentación que por un momento olvidó que Dios es bueno para los que son limpios de corazón. Pero cuando volvió su mirada a Dios y su Palabra se dio cuenta de la realidad de las cosas.

(Salmo 73:21) Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. {22} Tan torpe (bruto, estúpido) era yo, que no entendía (ignorante); Era como una bestia delante de ti.

¿Has sido tú tentado de esa manera? ¿Has pensado que Dios no ha sido lo suficientemente bueno para contigo, y que los incrédulos prosperan y viven mejor que tú? Quizás necesites visitar el santuario de Dios como Asaf lo hizo, cuando volvió en sí, y regresó a Dios, se llenó de amargura su alma, y no solo sentía punzadas en su corazón sino en sus entrañas, síntomas claros de un arrepentimiento genuino. La palabra “torpe” en el versículo 22 significa: bruto, estúpido; y la frase “que no entendía” es básicamente la palabra “ignorante,” que traducida del Hebreo significa: “NO” ¡Como una negación absoluta!

Esto es lo que los no judíos eran delante de Dios. Una bestia, un bruto, un estúpido, y una negación absoluta, los no judíos para Dios, eran ¡nada! Así que la especie humana estaba prácticamente condenada al exterminio. Cuando Asaf se arrepintió, se dio cuenta que había actuado como una bestia, alguien que no razona, y como un ignorante, alguien que no entendía. Dios no quiere esa clase de seguidores, quiere que razonemos, y entendamos su santa Palabra. Hoy quiero compartir acerca de algunas cosas que Dios no quiere que ignoremos.

(Isaías 56:1) Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse. {2} Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal. {3} Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. {4} Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, {5} yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá. {6} Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, {7} yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. {8} Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados.

Dios prometió a los eunucos, algo mejor que hijos e hijas, es un lugar en su casa, y un nombre perpetuo que nunca perecerá. Y a los hijos de los extranjeros que decidieron seguir a Jehová para servirle, amar su nombre y abrazaron su pacto, les prometió llevarlos hasta su santo monte, recrearlos en su casa de oración y aceptar sus sacrificios en su altar. Nosotros provenimos de los hijos de esos extranjeros de alguna manera.

(Isaías 56:10) Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. {11} Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado.

¡Esto fue escrito en el Antiguo Testamento, pero pareciera está hablando de los tiempos actuales, de ciertos pastores y predicadores ciegos, IGNORANTES, que solo buscan su propio provecho!

(Romanos 10:1) Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. {2} Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. {3} Porque ignorando (agnoéo: No saber, no entender)la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; {4} porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

La salvación para Israel sigue aún siendo el anhelo del corazón de Dios, pero Israel no aprendió la lección ignorando completamente lo que sucedió hace miles de años. Israel todavía no sabe, ni entiende la justicia de Dios porque no se sujetaron a ella ni se sometieron a Cristo, el fin de la ley. La Biblia habla de Israel como un pueblo ignorante.

La palabra ignorante es un adjetivo que describe a una persona que desconoce algo, alguien que carece de cultura o conocimiento, y con frecuencia se utiliza para referirse a las personas que deliberadamente hacen caso omiso de información o hechos importantes. El siguiente versículo describe exactamente lo que sucedió con Israel.

(Oseas 4:6) Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. {7} Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta.

¡Israel cayó del favor de Dios por su ignorancia, porque le faltó conocimiento! Y no se refiere a los eventos cotidianos del pueblo judío, ni a los asuntos de carácter socio económico, políticos, culturales, o deportivos. Israel deliberadamente ignoró el conocimiento de Dios y su Palabra, y se apartó, olvidándose de la ley de su Dios 

¡Dios quiere que nosotros NO SEAMOS IGNORANTES! ¡Quiere que conozcamos su Palabra! Te mostraré algunas cosas en su Palabra, que él ¡NO QUIERE QUE IGNOREMOS!

(Romanos 11:25) Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; {26} y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. {27} Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.

¿Recuerdas que Asaf, el salmista, tuvo envidia (celo en extremo) de los arrogantes? ¡Dios no quiere que seamos ni como ellos, ni como Israel! El misterio del que se habla aquí lo puedes entender cuando leas todo este capítulo 11 de Romanos de principio a fin.

El libro de romanos es la doctrina con respecto a nuestra salvación o nuestro estado legal delante de Dios. ¡Dios no quiere que seamos IGNORANTES, como Israel!

(1 Corintios 10:1) Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar {2} y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, {3} y todos comieron el mismo alimento espiritual, {4} y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

En Corintios, Pablo corrigió a los creyentes de los errores prácticos que estaban cometiendo. Había divisiones y contiendas, pero Pablo los exhortó a hablar todos, una misma cosa, la sabiduría de Dios, y a predicar a Cristo, y a estar unidos en una misma mente, ¡la mente de Cristo!

(1 Corintios 2:1) Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. {2} Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. {3} Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; {4} y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, {5} para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

¡Dios quiere que conozcamos su voluntad y que la hagamos! Y eso es exactamente lo que Pedro y Juan hicieron, al predicar a Cristo a una multitud de judíos, después que ministraron a un hombre cojo de nacimiento a las puertas del templo llamado la Hermosa.

(Hechos 3:14) Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, {15} y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. {16} Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. {17} Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia (falta de conocimiento) lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. {18} Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. {19} Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, {20} y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; {21} a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

Pedro y Juan resaltaron la ignorancia del pueblo judío y de sus líderes, llamándolos al arrepentimiento para convertirse a Cristo, y ve lo que sucedió:

(Hechos 4:4) Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

¡Eso es maravilloso! Algo que si no es imposible en la actualidad, es muy difícil que suceda, debido a la influencia de las diversas tendencias que acosan día tras día, minuto tras minuto, segundo tras segundo, la mente de todo hombre mujer y niño, a causa de los medios de información social que corrompen los valores y principios éticos y morales de la humanidad.

Después que Pedro y Juan convirtieron alrededor de “cinco mil varones,” fueron examinados por los gobernantes, los ancianos, los escribas, y todos los que eran de la familia del sumo sacerdote.

(Hechos 4:13) Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras (agramatos = iletrados o analfabetas) y del vulgo (idiotes =alguien que deliberadamente es ignorante), se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. {14} Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.

Pedro y Juan eran iletrados, y a los ojos de los eruditos gobernantes eran unos ignorantes. Pero estos gobernantes quedaron maravillados y reconocían que gracias a Jesús tenían un gran denuedo y no podían negar las maravillas señales y milagros que realizaban.

¡Cuando somos conocedores de lo que hablamos, nadie puede decir nada en contra de ello! ¡Dios quiere que conozcamos su palabra, que sepamos acerca de la salvación por medio de Cristo Jesús y abramos nuestras bocas para predicar el evangelio de Cristo, así como Pedro y Juan hicieron!

(1 Corintios 12:1) No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. {2} Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos. {3} Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. {4} Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. {5} Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. {6} Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. {7} Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

¡Dios realmente quiere que sepamos, que lo que sabemos, lo sabemos bien! Especialmente, con respecto a los asuntos espirituales, Dios ¡NO QUIERE QUE SEAMOS IGNORANTES! Él quiere que sepamos acerca de la diversidad de dones, pero un mismo Espíritu, de la diversidad de ministerios, pero el mismo Señor, de la diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra todo en todos. Y que la manifestación del Espíritu es dada a cada hombre para provecho del hombre mismo. Los asuntos espirituales son de vital importancia para el desarrollo, crecimiento, y madurez, en la vida de cualquier creyente cristiano, desgraciadamente muchos líderes religiosos de la actualidad abusan de sus congregaciones porque ¡muchos de ellos ignoran todo eso! ¡Dios quiere que tú sepas lo que dice en su Palabra!

(1 Corintios 14:37) Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. {38} Mas el que ignora, ignore. {39} Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; {40} pero hágase todo decentemente y con orden.

Esta es la voluntad de Dios para nosotros, él sabe que no todos van a creer, que los ignorantes van a seguir ignorando su voluntad y su Palabra. ¡Pero él es un Dios de orden, y él quiere que sepamos todo esto! ¿Por qué?

(2 Corintios 1:21) Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, {22} el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. {23} Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. {24} No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes.

Porque quiere que sepamos que es él quien nos ha ungido, nos ha confirmado en Cristo, y nos ha sellado con las arras del espíritu en nuestros corazones, y también quiere que sepamos que es nuestra fe (creencia) lo que nos mantiene firmes. ¡No dejes de creer en él y su Palabra! No te dejes tentar como Asaf, porque esa es otra cosa que Dios no quiere que ignoremos.

(2 Corintios 2:5) Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. {6} Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; {7} así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. {8} Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. {9} Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo. {10} Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, {11} para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.

Dios quiere que sepas que existe un adversario, quien va a hacer hasta lo imposible por hacerte caer y alejarte de Dios, usando todo tipo de artimañas, tus sentidos, tus emociones, tus sentimientos. No des lugar al diablo, y no ignores sus maquinaciones. El aprender a perdonar las faltas de los demás nos puede ayudar a evitar las trampas de Satanás.

(1 Tesalonicense 4:13) Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. {14} Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. {15} Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. {16} Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. {17} Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. {18} Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

Dios quiere que sepamos lo que sucede cuando perdemos a un ser querido, especialmente si es un hermano en Cristo, y lo que sucederá a la venida de nuestro Señor Jesucristo. Muchos enseñan que los muertos están ya en el cielo y desde allá nos cuidan. Otros enseñan que están en un lugar llamado “limbo” esperando su destino final, y dependiendo de cómo se hayan portado en vida, irán al cielo o al infierno. Otros enseñan que los muertos viven a la par de nosotros, en una dimensión desconocida, y deambulan como almas en pena.

Si todo eso fuera verdad, ¿para qué entonces tendría que regresar Jesucristo por nosotros? Si los muertos ya están en el cielo ¿para qué entonces los tiene que levantar Dios? Si están en el “limbo” ¿en qué estado se encuentran? Si están vivos aún, ¿es que nunca en realidad murieron? La misma pregunta nos podemos hacer si es que vagan aún como almas en pena.

¡La Biblia en realidad habla solo de los dos únicos estados en que se encuentra un ser humano, vivo, o muerto! ¡Y que los muertos están MUERTOS! Por eso, Dios NO QUIERE QUE IGNOREMOS acerca de los que duermen (los que ya están muertos), quienes ¡SERAN LEVANTADOS A LA VENIDA DEL SEÑOR! Y los que ¡HABREMOS QUEDADO HASTA LA VENIDA DEL SEÑOR! Que ¡NO PRECEDEREMOS A LOS QUE YA DURMIENRON! Y que SEREMOS ARREBATADOS JUNTAMENTE CON ELLOS (los que durmieron en el Señor) EN LAS NUBES. Solo los ignorantes creen en las fábulas de viejas inventadas por el hombre. ¡Y Dios no quiere que seamos IGNORANTES!

La última cosa que quiero compartir se encuentra en el libro de 2 Pedro.

(2 Pedro 3:8) Más, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. {9} El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. {10} Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. {11} Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, {12} esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! {13} Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. {14} Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. {15} Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, {16} casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. {17} Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. {18} Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Todo esto habla de tiempos venideros, el día del Señor aquí se refiere al día del Dios nuestro, pero ese terrible día, cuando los elementos siendo quemados se fundirán y serán deshechos, no es el mismo día que el día del retorno de nuestro Señor Jesucristo. Muchos cristianos han sido enseñados erróneamente, y debido a ello muchos viven en temor. Porque como hay muchas cosas difíciles de entender las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, no vamos a conocer cada palabra de la Biblia. Pero podemos entender, todo lo que Dios quiere que NO IGNOREMOS. Debemos pues escudriñar las escrituras para conocer la voluntad de Dios, y para mantener una buena manera de vivir, en paz, irreprensibles y sin mancha. Porque ¡Dios NO QUIERE QUE SEAMOS IGNORANTES acerca de su Palabra!

No debemos sentir envidia de los arrogantes, ni necesitamos ser como ellos, tampoco debemos ignorar las cosas que Dios quiere que sepamos, vivamos, y proclamemos, sino como Isaías 56 y el Salmo 73 dicen, debemos ser de corazón limpio y refrenar nuestras manos de hacer el mal.

 Mientras hagamos eso y continuemos acercándonos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia para el oportuno socorro, mientras sigamos creciendo en esa gracia, y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, vamos a estar bien.

Permítanme cerrar con los siguientes versículos y a la vez recordarles quien en realidad somos:

(1 Pedro 2:9) Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; {10} vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. {11} Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, {12} manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

 Así es que mi querido hermano, como frecuentemente citan las sagradas escrituras: “Así ha dicho el señor:” ¡NO QUIERO HERMANO QUE IGNOREIS!

¡Dios te bendiga!

E.S.N.

J. Edixon R. Serna.

Julio 1, 2016
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