Quiero compartir con ustedes acerca del gran privilegio y la
responsabilidad que tenemos hoy en Cristo; por favor, vayan al libro de 2
Corintios, capítulo 5.
(2 Corintios 5:17) De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he
aquí todas son hechas nuevas. {18} Y todo esto proviene de Dios, quien nos
reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio (diakonia) de la reconciliación;
Hace unas semanas, en una de sus enseñanzas, Joe mencionó el ministerio
de la reconciliación como una de las responsabilidades que tenemos como
miembros activos del cuerpo de Cristo. Y que somos embajadores de paz y
justicia, dando vida a este ministerio de la reconciliación al hablar la
Palabra correctamente dividida que Dios nos dio, con el propósito no solo de
guardarla para nosotros mismos, sino de enseñarla, vivirla y compartirla con
otros para que ellos también puedan recibir liberación de las tradiciones de
sus antepasados, recibir las bendiciones y cosechar los beneficios de la vida
más que abundante que Jesucristo hizo disponible, tal como dice Juan 10:10b:
"Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en
abundancia".
La frase “está en Cristo” en 2 Corintios 5:17, no solamente significa
que eres ya un cristiano nacido de nuevo, que Cristo ya mora en tu interior, lo
cual es un requisito para “estar en Cristo”, o sea, que, es necesario haber renacido
del espíritu de Dios, porque, “estar en Cristo” significa que esa nueva criatura
(el texto griego dice: nueva creación) de la que se habla es activa y dinámica.
Así que, si estás en Cristo, amigo
mío, lo cual implica un andar en agápe
(el amor de Dios en práctica), fortalecido por esa nueva creación, estás
capacitado para reconciliar a otros con Dios mediante su Palabra. Las cosas
viejas pasaron; es decir, nuestra antigua manera de vivir ha desaparecido... ¡o
debería haberlo hecho! Y he aquí, todas son hechas nuevas. Y este ministerio de
la reconciliación que aquí se menciona está disponible para ser ejercido. La
palabra "ministerio" aquí entra en la categoría de los dones de
ministerio, ya que opera de manera horizontal, de persona a persona. ¡Pero
espera!
(2 Corintios 5:19) que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al
mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra (logos) de la
reconciliación.
Muchos culpan a Dios por todo, como si Él fuera el causante de que la
gente sea pobre, esté enferma o viva miserablemente. Él no es el culpable:
Satanás es quien causa todas esas calamidades. Él es quien causó la separación entre Dios y el hombre.
Todos sabemos lo que sucedió en el Jardín del Edén. Pero aquí leemos que: “Dios estaba en Cristo, reconciliando
consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
En primer lugar, debemos entender que no fue Dios quien causó
la separación; o sea, que no fue culpa de Dios. Adán y Eva, fuertemente
influenciados por Satanás, fallaron y cometieron traición.
Y en segundo lugar: Dios resultó ser la parte ofendida, mientras
que el hombre fue el ofensor, el transgresor. Sin embargo, Dios es quien puso
en marcha el proceso de reconciliación mediante la muerte de su Hijo unigénito;
dejó pasar por alto las trasgresiones olvidándolas como si nada hubiera
ocurrido; y liberó al ofensor de toda culpa.
(Romanos 5:10) Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios
por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por
su vida. (11) Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por
el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación (katallagé = restauración, hacia
lo divino, reconciliación.
¿Cuántos de nosotros hacemos eso?
Es decir, ¿buscar la reconciliación y la paz justo después de una fuerte
discusión o desacuerdo con un familiar o un amigo? A veces esperamos unos días
buscando el momento oportuno, pero solo para desquitarnos, ¿o no? Pero Dios no
es así; la Biblia dice que no hay ningunas tinieblas en él.
Así que Dios dio a los hombres la oportunidad de empezar de nuevo, con
una hoja en blanco, mediante la muerte de su Hijo, y puso a disposición un
ministerio para aquellos que, al estar
en Cristo, deciden llevar a otros la palabra de la reconciliación. ¡Qué
gran privilegio es ese! (un derecho o beneficio otorgado a algunas personas,
pero no a otras). Y con este privilegio viene una enorme responsabilidad. Dios
nos dio una misión; una que no forma parte de la serie de “Misión Imposible”.
¿Sabes por qué? ¡Porque con Dios todo es posible! Dios nos confió la palabra de
la reconciliación; eso es lo que dice la Biblia, no me culpes a mí.
Básicamente, nos dio su palabra y nos dijo: “Aquí tienes; lleva mi palabra
contigo adondequiera que vayas para reconciliar a los hombres conmigo”. Y esta
no es una responsabilidad exclusiva del liderazgo, porque no importa cuán joven
o veterano seas en la Palabra de Dios, tampoco
si tienes o no alguna responsabilidad o cargo en la iglesia; como creyente cristiano
nacido de nuevo, como miembro particular del cuerpo de Cristo, como hijo o hija
del Dios Todopoderoso; 2 Corintios 5:19 dice que “nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. Pero ¿estamos nosotros
dispuestos a hacernos cargo de ese “encargo”? La Reina Valera usa la palabra “encargó”,
palabra que se define como: “poner algo al cuidado de alguien; imponer una
obligación, echar peso sobre algo”. O sea, que, esa palabra implica un peso o
una obligación, donde te sientes comprometido a cumplir un deber y tienes que llevarlo
a cabo.
Déjenme mostrarles que es lo que dice el texto griego:
(2 Corintios 5:19) Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando
el mundo á sí, no imputándole sus pecados, y puso en
nosotros la palabra de la reconciliación. (Interlineal
Griego-Español)
El texto Griego no dice “encargó” sino, “puso”, y la palabra griega
utilizada aquí es títhemi, que
significa: poner o colocar en una postura pasiva y horizontal; así de simple.
¿Recuerdas cuando tu bebé se quedaba dormido en tus brazos y lo colocabas
suavemente y con delicadeza en la cuna para que no se despertara? Créelo o no,
la Palabra de Dios es así de delicada; debe manejarse con cuidado, y por eso es
necesario dividirla correctamente. Veamos un ejemplo.
(Mateo 12:18) He aquí mi
siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma;
Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los
gentiles anunciará juicio.
Aquí, la palabra traducida como pondré” es la palabra griega “títhemi”. El apóstol Mateo hace
referencia a una profecía de Isaías que se refiere a Jesucristo cuando Dios dijo
que “pondría” de su Espíritu sobre Jesús. Y así como Dios puso de su Espíritu
sobre Jesús, también “depositó” la palabra de la reconciliación en nuestras
manos. Dios nunca obligó a Jesús a hacer nada que él no quisiera llevar a cabo.
Jesús pudo haberse apartado de su misión, pero no lo hizo, él estaba completamente
decidido, firmemente resuelto a cumplir aquello para lo que había venido, aun a
costa de dar su vida, y todo ello por voluntad propia.
De la misma manera, Dios nunca te obligaría a hacer algo que no estés
dispuesto a hacer; tampoco violará tu libre voluntad de decidir; pero, ¿es
acaso muy difícil hablar su palabra a los demás y, tal vez, sembrar una pequeña
semilla de esperanza en sus mentes? Hablar su palabra es lo menos que podemos
hacer por nuestro Padre celestial, después de todo lo que él hizo para quitar
los pecados y las transgresiones de los hombres.
Ahora, a menos que hayas nacido en una familia cristiana, lo cual no fue
mi caso, cuando fuimos reconciliados con Dios, alguien, en algún lugar y de
alguna manera, nos habló de Dios y de su palabra; y tal vez la curiosidad, la
ignorancia, el miedo o el deseo de aprender y conocer a Dios nos llevaron a formar
parte de su familia cuando confesamos y creímos lo que dicen Romanos 10:9-10.
Así, que, en algún momento de nuestras vidas, alguien nos habló de la palabra
de la reconciliación, y la mayoría de las versiones bíblicas, tanto en inglés
como en español, describen a estas maravillosas personas como embajadores de
Cristo.
(2 Corintios 5:20) Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como
si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo:
Reconciliaos con Dios.
El versículo 20 dice específicamente que somos embajadores de Cristo,
con el propósito expreso de reconciliar a los hombres con Dios mediante su
palabra. Años atrás, muchos de nosotros formamos parte de un gran ministerio
que tomó la palabra “embajador” de la Biblia y desarrolló un excelente programa
destinado a proclamar la Palabra de Dios por todo el mundo. Agradezco haber
sido parte de ese ministerio y de ese programa, pero hoy día, continuamos
proclamando la Palabra de Dios porque fuimos llamados no por un ministerio terrenal
sino por Dios mismo.
(Efesios 4:1) Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es
digno de la vocación con que fuisteis llamados, {2} con toda humildad y
mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor (agápe).
Somos llamados a un andar en
agápe, y cuando “estamos en Cristo” practicamos este andar.
Ahora bien, la palabra “embajador” es simplemente un elegante término
utilizado por los traductores; no proviene del hebreo, del griego ni del
arameo. Proviene del francés antiguo embassator
o ambassateor, que
llega a través del provenzal desde el latín ambactus,
que significa “sirviente en posición subordinada”; derivado del celta amb(i)actos = (mensajero,
sirviente) y de la raíz indoeuropea ambhi
= (alrededor) y ag (conducir,
sacar, mover).
Tal vez no hay nada de malo en usar la palabra "embajador", ya
que es el término que los traductores decidieron emplear aquí en 2 Corintios
5:20, y posee un significado similar al de la palabra Hebrea en el Antiguo
Testamento y de la palabra griega utilizada en el Nuevo Testamento y las
Epístolas a la Iglesia. Sin embargo, si queremos, como decimos en español,
"llamar al pan, pan y al vino, vino", debemos traducir correctamente
la palabra griega utilizada en 2 Corintios 5:20.
“Embajadores” es traducida de la palabra Griega presbeuo; que significa: un representante, anciano, o alguien
con autoridad delegada. Por esta razón, algunos piensan que solo quienes ocupan
cargos de liderazgo pueden ejercer el ministerio de la reconciliación.
Ahora bien, según el concepto mundano, un embajador es un funcionario
diplomático de alto rango. Viven en casas hermosas y costosas, no conducen ellos
mismos sino que tienen choferes, viajan en limusinas lujosas y en aviones
privados o en primera clase, visten ropa de marcas exclusivas y muy caras,
envían a sus hijos a las universidades más selectas del mundo, conversan
constantemente con otros diplomáticos de alto nivel y con líderes mundiales
importantes; empleando un lenguaje diplomático altamente refinado y políticamente
correcto; y rara vez se mezclan con la gente común. Representan a sus países y
defienden los intereses de los mismos. Veamos ahora lo que dice la Biblia
respecto a aquellos descritos como "embajadores" en la Palabra de
Dios.
En la mayoría de las versiones Bíblicas en Inglés, la palabra hebrea tsiyr es traducida como "embajador", tres veces en el Antiguo Testamento, aunque en
español aparece la palabra “mensajero”. Veamos un par de ejemplos.
(Abdías 1:1) Visión de Abdías. Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a
Edom: Hemos oído el pregón de Jehová, y mensajero
(tsiyr) ha sido enviado a las
naciones. Levantaos, y levantémonos contra este pueblo en batalla.
(Isaías 18:1) ¡Ay de la tierra
que hace sombra con las alas, que está tras los ríos de Etiopía; {2} que envía mensajeros (tsiyr) por el mar, y
en naves de junco sobre las aguas! Andad, mensajeros (mal’ak) veloces, a la nación de elevada estatura y tez
brillante, al pueblo temible desde su principio y después, gente fuerte y
conquistadora, cuya tierra es surcada por ríos.
(Proverbios 13:17) El mal
mensajero (mal’ak) acarrea desgracia; Mas el mensajero (tsiyr) fiel acarrea salud.
Tsiyr se refiere a un “mensajero”, un heraldo o
alguien encargado de llevar un recado o misión (bajo las instrucciones de quien
lo envía). Por lo tanto, alude a alguien enviado para cumplir una encomienda,
implicando que se trata de una persona a la que se le ha confiado entregar un
mensaje oral.
Existen 7 diferentes palabras hebreas traducidas al español como “mensajero”
que se usan 34 veces en 32 versículos a lo largo de la Biblia. Tsiyr que al inglés como antes
mencioné, es traducida como “embajador”, y la palabra hebrea mal’ak, que significa: “enviar
como delegado (una persona nombrada como sustituto con poder para actuar), ya
sea un mensajero de Dios, por ejemplo: un ángel, un profeta, un pastor o un
maestro.
Por lo tanto, para mí, la palabra hebrea mal’ak, tiene un mayor impactoque la palabra tsiyr ; traducida como:
“embajador” en las versiones Bíblicas en Inglés; y aunque ambas se refieren a
alguien enviado para transmitir un mensaje, el término hebreo mal’ak siempre alude a alguien
enviado o designado por el Dios Todopoderoso, como lo expresa el profeta Hageo.
(Hageo 1:13) Entonces Hageo, enviado
(mal’ak) de Jehová, habló por
mandato (mal’akuwth) de Jehová
al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová.
Ahora bien, aquellos mensajeros de Dios de la antigüedad no contaban con
todas las comodidades lujosas, exclusivas y costosas que posee un embajador
moderno hoy en día. Lo único que percibo que permanece igual es el honor y el
privilegio de recibir una gran responsabilidad. Un embajador en el mundo actual
es una persona muy importante; sin embargo, tú y yo, como mensajeros de la
Palabra de Dios y como embajadores de Cristo, también somos personas de gran
importancia. Volvamos a 2 Corintios, capítulo 5, y leámoslo de la manera
correcta.
(2 Corintios 5:20) Así que,
estando en Cristo, somos (representantes designados de Dios con autoridad para
actuar), como si Dios rogara por medio de nosotros: os rogamos en nombre de
Cristo: reconciliaos con Dios. {21} Al que no conoció pecado (Jesucristo), por
nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros (tú y yo) fuésemos hechos
justicia de Dios en él (Jesucristo).
Vean ahora lo que dice el apóstol Pablo:
(2 Corintios 6:1) Así,
pues, nosotros (Pablo y Timoteo), como colaboradores (sunergéo = ayudadores) suyos, os exhortamos también a que no
recibáis en vano la gracia de Dios (favor de Dios).
¿Estamos recibiendo el favor de Dios en vano? ¡Espero que no! ¿Estamos trabajando juntos como colaboradores de Cristo en este ministerio de reconciliación? ¡Espero que sí! Como dije anteriormente, Dios no obliga a nadie a hacer cosas que uno no quiere hacer. Pero Dios puso en todos los creyentes nacidos de nuevo, o renacidos del espíritu de Dios la palabra de la reconciliación. Ahora bien, la manera más eficaz de ejercer el ministerio de la reconciliación es cuando estamos en Cristo, porque la mayoría de las veces, un presbéuo, alguien ya crecido en la Palabra de Dios, un creyente maduro, está más capacitado para ejercer el ministerio de reconciliación que alguien que es un principiante en la Palabra.
Esta enseñanza no busca confrontar, juzgar ni condenar, sino exhortarnos a
todos a comprender que somos personas muy importantes, con una misión mucho muy
importante: llevar la Palabra de la reconciliación al mundo. Y recordarnos que,
dondequiera que vayamos, somos representantes de Dios con autoridad para
actuar, y debemos actuar.
No necesitamos casas
lujosas, aviones privados, ropa de marca ni un lenguaje diplomático
políticamente correcto. Basta con decir las palabras, tal como el centurión le
dijo a Jesús cuando le pidió que sanara a su amado siervo. ¡Todo lo que
necesitamos es estar en Cristo y
hablar la Palabra de Dios!
Los siguientes versículos
nos enseñan cómo “estar en Cristo”.
(2 Corintios 6:3) No damos a nadie ninguna ocasión de
tropiezo (no ser un obstáculo para otros), para que nuestro ministerio (no solo el ministerio de la
reconciliación, sino la ministración de la Palabra de Dios, como el servicio
que prestamos) no sea vituperado; {4}
antes bien, nos recomendamos (demostrando
quiénes somos) en todo como ministros de
Dios, en mucha paciencia (resistencia), en tribulaciones (presiones mentales), en necesidades (apuros), en
angustias (calamidades o aflicción extrema);
¡Cuando estamos en
Cristo, podemos afrontar todo eso!
(2 Corintios 6:5) En
azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos;
En muchos países, muchos
creyentes cristianos todavía tienen que lidiar con estas cosas; hoy en día, el
ayuno es voluntario: se hace si uno quiere, o en situaciones extremas.
(2 Corintios 6:6) En pureza (sin culpa), en ciencia (conocimiento de la Palabra
de Dios), en longanimidad (echando
la ira lo más lejos de nosotros), en
bondad (siendo útiles a los demás), en
el Espíritu Santo (caminando según el espíritu), en amor (agápe: el
más grande amor en la mente renovada en práctica) sincero (sin hipocresía, no fingido),
¡Estas cualidades, y
todas las siguientes, se manifiestan cuando estamos en Cristo!
(2 Corintios 6:7) En palabra de verdad (la Palabra de
Dios), en poder de Dios (Dios
otorgando la capacidad de un poder potencial), con armas (herramientas, instrumentos o armamento) de justicia a diestra y a siniestra;
{8} por honra (dignidad, gloria) y por deshonra (indignidad, vergüenza),
por mala fama (difamación) y por buena fama (buen testimonio,
alabanza); como engañadores (que
inducen a error), pero veraces (que
no ocultan nada); {9} Como desconocidos
(tenidos por ignorantes), pero bien
conocidos (plenamente reconocidos); como
moribundos (tenidos por muertos), mas
he aquí que vivimos (vivificados);
como castigados (disciplinados), mas no muertos (sin haber perecido);
{10} Como entristecidos (con pesar o
pesadumbre), mas siempre gozosos
(alegres, llenos de júbilo); como pobres
(como un mendigo), pero enriqueciendo a
muchos (haciéndolos ricos); como no
teniendo nada (sin nada), mas poseyéndolo
todo (poseyendo la totalidad ).
Todo esto es lo que
define a un representante designado, a un mensajero de Dios, a alguien que
cumple una misión para Cristo; eso es lo que hacen, o deberían hacer,
reflejándolo en su forma de hablar, en su conducta y en su manera de vivir.
Existe un código de conducta, lo llamamos el andar en agápe, que constituye un verdadero estilo de vida.
Nuestra misión es llevar
un mensaje verbal de Dios para anunciar a los hombres que sus pecados y
transgresiones han sido borrados por la sangre del Cordero, el Hijo unigénito
de Dios, Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
Invitemos a los hombres a
reconciliarse con Dios; y la próxima vez que emprendas un viaje o donde quiera
que vayas, recuerda no solo que es Cristo en ti, la esperanza de gloria, lo
cual significa que tú ya has sido reconciliado con Dios y que se te ha confiado
su incomparable Palabra. ¡Qué honor y privilegio es ese! Pero también que, al
revestirte del nuevo hombre, esa nueva creación que Dios puso en nuestro
interior, y al estar en Cristo, posees el poder y la autoridad del Dios
Todopoderoso para reconciliar a otros con nuestro Padre celestial.
Así que, puedes llamarte
embajador de Cristo si tú quieres, pero en realidad sabes que Dios mismo te
predestinó y te llamó para una misión; te designó no solo como su mensajero,
delegado o representante con poder para actuar, sino como ministro competente
de un nuevo pacto, tal como dice 2 Corintios 3:6: “no de la letra, sino del espíritu;
porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”.
Por lo tanto, al
reconciliar a los hombres con Dios, les llevamos la vida misma de Dios para que
la vivan y disfruten hoy, de esa vida en abundancia que Jesucristo hizo
disponible para todo aquél que cree; y para que también disfrutemos toda la
eternidad junto a Él y junto a Dios, nuestro Padre celestial.
¡Dios te bendiga!
E. S. N.
J.E.R.S.