La fuente principal de información de este blog es La Biblia. Todas las enseñanzas compartidas aquí, son y serán principalmente basadas en la Biblia Reyna Valera Versión de 1960

 

Quiero compartir con ustedes acerca del gran privilegio y la responsabilidad que tenemos hoy en Cristo; por favor, vayan al libro de 2 Corintios, capítulo 5.


(2 Corintios 5:17) De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. {18} Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio (diakonia) de la reconciliación; 


Hace unas semanas, en una de sus enseñanzas, Joe mencionó el ministerio de la reconciliación como una de las responsabilidades que tenemos como miembros activos del cuerpo de Cristo. Y que somos embajadores de paz y justicia, dando vida a este ministerio de la reconciliación al hablar la Palabra correctamente dividida que Dios nos dio, con el propósito no solo de guardarla para nosotros mismos, sino de enseñarla, vivirla y compartirla con otros para que ellos también puedan recibir liberación de las tradiciones de sus antepasados, recibir las bendiciones y cosechar los beneficios de la vida más que abundante que Jesucristo hizo disponible, tal como dice Juan 10:10b: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia".


La frase “está en Cristo” en 2 Corintios 5:17, no solamente significa que eres ya un cristiano nacido de nuevo, que Cristo ya mora en tu interior, lo cual es un requisito para “estar en Cristo”, o sea, que, es necesario haber renacido del espíritu de Dios, porque, “estar en Cristo” significa que esa nueva criatura (el texto griego dice: nueva creación) de la que se habla es activa y dinámica. Así que, si estás en Cristo, amigo mío, lo cual implica un andar en agápe (el amor de Dios en práctica), fortalecido por esa nueva creación, estás capacitado para reconciliar a otros con Dios mediante su Palabra. Las cosas viejas pasaron; es decir, nuestra antigua manera de vivir ha desaparecido... ¡o debería haberlo hecho! Y he aquí, todas son hechas nuevas. Y este ministerio de la reconciliación que aquí se menciona está disponible para ser ejercido. La palabra "ministerio" aquí entra en la categoría de los dones de ministerio, ya que opera de manera horizontal, de persona a persona. ¡Pero espera!


(2 Corintios 5:19) que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra (logos) de la reconciliación. 


Muchos culpan a Dios por todo, como si Él fuera el causante de que la gente sea pobre, esté enferma o viva miserablemente. Él no es el culpable: Satanás es quien causa todas esas calamidades. Él es quien  causó la separación entre Dios y el hombre. Todos sabemos lo que sucedió en el Jardín del Edén. Pero aquí leemos que: “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.


En primer lugar, debemos entender que no fue Dios quien causó la separación; o sea, que no fue culpa de Dios. Adán y Eva, fuertemente influenciados por Satanás, fallaron y cometieron traición.


Y en segundo lugar: Dios resultó ser la parte ofendida, mientras que el hombre fue el ofensor, el transgresor. Sin embargo, Dios es quien puso en marcha el proceso de reconciliación mediante la muerte de su Hijo unigénito; dejó pasar por alto las trasgresiones olvidándolas como si nada hubiera ocurrido; y liberó al ofensor de toda culpa.


(Romanos 5:10) Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. (11) Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación (katallagé = restauración, hacia lo divino, reconciliación.


¿Cuántos de nosotros hacemos eso? Es decir, ¿buscar la reconciliación y la paz justo después de una fuerte discusión o desacuerdo con un familiar o un amigo? A veces esperamos unos días buscando el momento oportuno, pero solo para desquitarnos, ¿o no? Pero Dios no es así; la Biblia dice que no hay ningunas tinieblas en él.


Así que Dios dio a los hombres la oportunidad de empezar de nuevo, con una hoja en blanco, mediante la muerte de su Hijo, y puso a disposición un ministerio para aquellos que, al estar en Cristo, deciden llevar a otros la palabra de la reconciliación. ¡Qué gran privilegio es ese! (un derecho o beneficio otorgado a algunas personas, pero no a otras). Y con este privilegio viene una enorme responsabilidad. Dios nos dio una misión; una que no forma parte de la serie de “Misión Imposible”. ¿Sabes por qué? ¡Porque con Dios todo es posible! Dios nos confió la palabra de la reconciliación; eso es lo que dice la Biblia, no me culpes a mí. Básicamente, nos dio su palabra y nos dijo: “Aquí tienes; lleva mi palabra contigo adondequiera que vayas para reconciliar a los hombres conmigo”. Y esta no es una responsabilidad exclusiva del liderazgo, porque no importa cuán joven o veterano seas en la Palabra de Dios,  tampoco si tienes o no alguna responsabilidad o cargo en la iglesia; como creyente cristiano nacido de nuevo, como miembro particular del cuerpo de Cristo, como hijo o hija del Dios Todopoderoso; 2 Corintios 5:19 dice que “nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. Pero ¿estamos nosotros dispuestos a hacernos cargo de ese “encargo”?  La Reina Valera usa la palabra “encargó”, palabra que se define como: “poner algo al cuidado de alguien; imponer una obligación, echar peso sobre algo”. O sea, que, esa palabra implica un peso o una obligación, donde te sientes comprometido a cumplir un deber y tienes que llevarlo a cabo.


Déjenme mostrarles que es lo que dice el texto griego:


(2 Corintios 5:19) Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo á sí, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. (Interlineal Griego-Español)


El texto Griego no dice “encargó” sino, “puso”, y la palabra griega utilizada aquí es títhemi, que significa: poner o colocar en una postura pasiva y horizontal; así de simple. ¿Recuerdas cuando tu bebé se quedaba dormido en tus brazos y lo colocabas suavemente y con delicadeza en la cuna para que no se despertara? Créelo o no, la Palabra de Dios es así de delicada; debe manejarse con cuidado, y por eso es necesario dividirla correctamente. Veamos un ejemplo.


(Mateo 12:18) He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma;
Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio.


Aquí, la palabra traducida como pondré” es la palabra griega “títhemi”. El apóstol Mateo hace referencia a una profecía de Isaías que se refiere a Jesucristo cuando Dios dijo que “pondría” de su Espíritu sobre Jesús. Y así como Dios puso de su Espíritu sobre Jesús, también “depositó” la palabra de la reconciliación en nuestras manos. Dios nunca obligó a Jesús a hacer nada que él no quisiera llevar a cabo. Jesús pudo haberse apartado de su misión, pero no lo hizo, él estaba completamente decidido, firmemente resuelto a cumplir aquello para lo que había venido, aun a costa de dar su vida, y todo ello por voluntad propia.


De la misma manera, Dios nunca te obligaría a hacer algo que no estés dispuesto a hacer; tampoco violará tu libre voluntad de decidir; pero, ¿es acaso muy difícil hablar su palabra a los demás y, tal vez, sembrar una pequeña semilla de esperanza en sus mentes? Hablar su palabra es lo menos que podemos hacer por nuestro Padre celestial, después de todo lo que él hizo para quitar los pecados y las transgresiones de los hombres.


Ahora, a menos que hayas nacido en una familia cristiana, lo cual no fue mi caso, cuando fuimos reconciliados con Dios, alguien, en algún lugar y de alguna manera, nos habló de Dios y de su palabra; y tal vez la curiosidad, la ignorancia, el miedo o el deseo de aprender y conocer a Dios nos llevaron a formar parte de su familia cuando confesamos y creímos lo que dicen Romanos 10:9-10. Así, que, en algún momento de nuestras vidas, alguien nos habló de la palabra de la reconciliación, y la mayoría de las versiones bíblicas, tanto en inglés como en español, describen a estas maravillosas personas como embajadores de Cristo.


(2 Corintios 5:20) Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 


El versículo 20 dice específicamente que somos embajadores de Cristo, con el propósito expreso de reconciliar a los hombres con Dios mediante su palabra. Años atrás, muchos de nosotros formamos parte de un gran ministerio que tomó la palabra “embajador” de la Biblia y desarrolló un excelente programa destinado a proclamar la Palabra de Dios por todo el mundo. Agradezco haber sido parte de ese ministerio y de ese programa, pero hoy día, continuamos proclamando la Palabra de Dios porque fuimos llamados no por un ministerio terrenal sino por Dios mismo.


(Efesios 4:1) Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, {2} con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor (agápe).


Somos llamados a un andar en agápe, y cuando “estamos en Cristo” practicamos este andar.


Ahora bien, la palabra “embajador” es simplemente un elegante término utilizado por los traductores; no proviene del hebreo, del griego ni del arameo. Proviene del francés antiguo embassator o ambassateor, que llega a través del provenzal desde el latín ambactus, que significa “sirviente en posición subordinada”; derivado del celta amb(i)actos = (mensajero, sirviente) y de la raíz indoeuropea ambhi = (alrededor) y ag (conducir, sacar, mover).


Tal vez no hay nada de malo en usar la palabra "embajador", ya que es el término que los traductores decidieron emplear aquí en 2 Corintios 5:20, y posee un significado similar al de la palabra Hebrea en el Antiguo Testamento y de la palabra griega utilizada en el Nuevo Testamento y las Epístolas a la Iglesia. Sin embargo, si queremos, como decimos en español, "llamar al pan, pan y al vino, vino", debemos traducir correctamente la palabra griega utilizada en 2 Corintios 5:20.


“Embajadores” es traducida de la palabra Griega presbeuo; que significa: un representante, anciano, o alguien con autoridad delegada. Por esta razón, algunos piensan que solo quienes ocupan cargos de liderazgo pueden ejercer el ministerio de la reconciliación.


Ahora bien, según el concepto mundano, un embajador es un funcionario diplomático de alto rango. Viven en casas hermosas y costosas, no conducen ellos mismos sino que tienen choferes, viajan en limusinas lujosas y en aviones privados o en primera clase, visten ropa de marcas exclusivas y muy caras, envían a sus hijos a las universidades más selectas del mundo, conversan constantemente con otros diplomáticos de alto nivel y con líderes mundiales importantes; empleando un lenguaje diplomático altamente refinado y políticamente correcto; y rara vez se mezclan con la gente común. Representan a sus países y defienden los intereses de los mismos. Veamos ahora lo que dice la Biblia respecto a aquellos descritos como "embajadores" en la Palabra de Dios.


En la mayoría de las versiones Bíblicas en Inglés, la palabra hebrea tsiyr es traducida como "embajador",  tres veces en el Antiguo Testamento, aunque en español aparece la palabra “mensajero”. Veamos un par de ejemplos.


(Abdías 1:1) Visión de Abdías. Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído el pregón de Jehová, y mensajero (tsiyr) ha sido enviado a las naciones. Levantaos, y levantémonos contra este pueblo en batalla. 


(Isaías 18:1) ¡Ay de la tierra que hace sombra con las alas, que está tras los ríos de Etiopía; {2} que envía mensajeros (tsiyr)  por el mar, y en naves de junco sobre las aguas! Andad, mensajeros (mal’ak) veloces, a la nación de elevada estatura y tez brillante, al pueblo temible desde su principio y después, gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es surcada por ríos. 


(Proverbios 13:17) El mal mensajero (mal’ak)  acarrea desgracia; Mas el mensajero (tsiyr) fiel acarrea salud. 


Tsiyr se refiere a un “mensajero”, un heraldo o alguien encargado de llevar un recado o misión (bajo las instrucciones de quien lo envía). Por lo tanto, alude a alguien enviado para cumplir una encomienda, implicando que se trata de una persona a la que se le ha confiado entregar un mensaje oral.


Existen 7 diferentes palabras hebreas traducidas al español como “mensajero” que se usan 34 veces en 32 versículos a lo largo de la Biblia. Tsiyr que al inglés como antes mencioné, es traducida como “embajador”, y la palabra hebrea mal’ak, que significa: “enviar como delegado (una persona nombrada como sustituto con poder para actuar), ya sea un mensajero de Dios, por ejemplo: un ángel, un profeta, un pastor o un maestro.


Por lo tanto, para mí, la palabra hebrea mal’ak, tiene un mayor impactoque la palabra tsiyr ; traducida como: “embajador” en las versiones Bíblicas en Inglés; y aunque ambas se refieren a alguien enviado para transmitir un mensaje, el término hebreo mal’ak siempre alude a alguien enviado o designado por el Dios Todopoderoso, como lo expresa el profeta Hageo.


(Hageo 1:13)  Entonces Hageo, enviado (mal’ak) de Jehová, habló por mandato (mal’akuwth) de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová. 


Ahora bien, aquellos mensajeros de Dios de la antigüedad no contaban con todas las comodidades lujosas, exclusivas y costosas que posee un embajador moderno hoy en día. Lo único que percibo que permanece igual es el honor y el privilegio de recibir una gran responsabilidad. Un embajador en el mundo actual es una persona muy importante; sin embargo, tú y yo, como mensajeros de la Palabra de Dios y como embajadores de Cristo, también somos personas de gran importancia. Volvamos a 2 Corintios, capítulo 5, y leámoslo de la manera correcta.


(2 Corintios 5:20) Así que, estando en Cristo, somos (representantes designados de Dios con autoridad para actuar), como si Dios rogara por medio de nosotros: os rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios. {21} Al que no conoció pecado (Jesucristo), por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros (tú y yo) fuésemos hechos justicia de Dios en él (Jesucristo).


Vean ahora lo que dice el apóstol Pablo:


(2 Corintios 6:1) Así, pues, nosotros (Pablo y Timoteo), como colaboradores (sunergéo = ayudadores) suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios (favor de Dios).


¿Estamos recibiendo el favor de Dios en vano? ¡Espero que no! ¿Estamos trabajando juntos como colaboradores de Cristo en este ministerio de reconciliación? ¡Espero que sí! Como dije anteriormente, Dios no obliga a nadie a hacer cosas que uno no quiere hacer. Pero Dios puso en todos los creyentes nacidos de nuevo, o renacidos del espíritu de Dios la palabra de la reconciliación. Ahora bien, la manera más eficaz de ejercer el ministerio de la reconciliación es cuando estamos en Cristo, porque la mayoría de las veces, un presbéuo, alguien ya crecido en la Palabra de Dios, un creyente maduro, está más capacitado para ejercer el ministerio de reconciliación que alguien que es un principiante en la Palabra. 


Esta enseñanza no busca confrontar, juzgar ni condenar, sino exhortarnos a todos a comprender que somos personas muy importantes, con una misión mucho muy importante: llevar la Palabra de la  reconciliación al mundo. Y recordarnos que, dondequiera que vayamos, somos representantes de Dios con autoridad para actuar, y debemos actuar.


No necesitamos casas lujosas, aviones privados, ropa de marca ni un lenguaje diplomático políticamente correcto. Basta con decir las palabras, tal como el centurión le dijo a Jesús cuando le pidió que sanara a su amado siervo. ¡Todo lo que necesitamos es estar en Cristo y hablar la Palabra de Dios!


Los siguientes versículos nos enseñan cómo “estar en Cristo”.


(2 Corintios 6:3) No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo (no ser un obstáculo para otros), para que nuestro ministerio (no solo el ministerio de la reconciliación, sino la ministración de la Palabra de Dios, como el servicio que prestamos) no sea vituperado; {4} antes bien, nos recomendamos (demostrando quiénes somos) en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia (resistencia), en tribulaciones (presiones mentales), en necesidades (apuros), en angustias (calamidades o aflicción extrema); 


¡Cuando estamos en Cristo, podemos afrontar todo eso!


(2 Corintios 6:5) En azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos;


En muchos países, muchos creyentes cristianos todavía tienen que lidiar con estas cosas; hoy en día, el ayuno es voluntario: se hace si uno quiere, o en situaciones extremas.


(2 Corintios 6:6) En pureza (sin culpa), en ciencia (conocimiento de la Palabra de Dios), en longanimidad (echando la ira lo más lejos de nosotros), en bondad (siendo útiles a los demás), en el Espíritu Santo (caminando según el espíritu), en amor (agápe: el más grande amor en la mente renovada en práctica) sincero (sin hipocresía, no fingido),


¡Estas cualidades, y todas las siguientes, se manifiestan cuando estamos en Cristo!


(2 Corintios 6:7) En palabra de verdad (la Palabra de Dios), en poder de Dios (Dios otorgando la capacidad de un poder potencial), con armas (herramientas, instrumentos o armamento) de justicia a diestra y a siniestra; {8} por honra (dignidad, gloria) y por deshonra (indignidad, vergüenza), por mala fama (difamación) y por buena fama (buen testimonio, alabanza); como engañadores (que inducen a error), pero veraces (que no ocultan nada); {9} Como desconocidos (tenidos por ignorantes), pero bien conocidos (plenamente reconocidos); como moribundos (tenidos por muertos), mas he aquí que vivimos (vivificados); como castigados (disciplinados), mas no muertos (sin haber perecido); {10} Como entristecidos (con pesar o pesadumbre), mas siempre gozosos (alegres, llenos de júbilo); como pobres (como un mendigo), pero enriqueciendo a muchos (haciéndolos ricos); como no teniendo nada (sin nada), mas poseyéndolo todo (poseyendo la totalidad ).


Todo esto es lo que define a un representante designado, a un mensajero de Dios, a alguien que cumple una misión para Cristo; eso es lo que hacen, o deberían hacer, reflejándolo en su forma de hablar, en su conducta y en su manera de vivir. Existe un código de conducta, lo llamamos el andar en agápe, que constituye un verdadero estilo de vida.


Nuestra misión es llevar un mensaje verbal de Dios para anunciar a los hombres que sus pecados y transgresiones han sido borrados por la sangre del Cordero, el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.


Invitemos a los hombres a reconciliarse con Dios; y la próxima vez que emprendas un viaje o donde quiera que vayas, recuerda no solo que es Cristo en ti, la esperanza de gloria, lo cual significa que tú ya has sido reconciliado con Dios y que se te ha confiado su incomparable Palabra. ¡Qué honor y privilegio es ese! Pero también que, al revestirte del nuevo hombre, esa nueva creación que Dios puso en nuestro interior, y al estar en Cristo, posees el poder y la autoridad del Dios Todopoderoso para reconciliar a otros con nuestro Padre celestial.


Así que, puedes llamarte embajador de Cristo si tú quieres, pero en realidad sabes que Dios mismo te predestinó y te llamó para una misión; te designó no solo como su mensajero, delegado o representante con poder para actuar, sino como ministro competente de un nuevo pacto, tal como dice 2 Corintios 3:6: “no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”.


Por lo tanto, al reconciliar a los hombres con Dios, les llevamos la vida misma de Dios para que la vivan y disfruten hoy, de esa vida en abundancia que Jesucristo hizo disponible para todo aquél que cree; y para que también disfrutemos toda la eternidad junto a Él y junto a Dios, nuestro Padre celestial.


¡Dios te bendiga!


E. S. N.


J.E.R.S.

publicado | | Comenta
Entrada más recienteEntradas más recientes Entrada siguienteEntradas antiguas Página Principal