La fuente principal de información de este blog es La Biblia. Todas las enseñanzas compartidas aquí, son y serán principalmente basadas en la Biblia Reyna Valera Versión de 1960

 

Quiero compartir la parte II de la enseñanza titulada “la mecánica de la fe.” En la primera parte vimos que para agradar a Dios debemos tener fe, y para tener fe debemos creer que Dios existe, y creer en él, pero para eso primero debemos creer que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y hacerlo nuestro señor mediante el acto de confesarlo con nuestra boca, y creer en nuestro corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, porque a través de su nombre y solo a través de su nombre podemos tener vida, y tenerla más que abundantemente como dice Juan 10:10. También vimos que la Fe se manifiesta con nuestras acciones; nuestras acciones son guiadas por nuestra creencia, y nuestra creencia es siempre determinada por nuestra confesión. Eso es lo que yo llamo “la mecánica de la fe.” Todo comienza con nuestra confesión. Hoy les voy a compartir un poco más sobre la fe; y debemos entender que la palabra de Dios no se trata de tan solo un versículo. La fe es un tema del que nunca dejaremos de hablar y aprender, en nuestro proceso de continuo creciente en nuestra relación con Dios y Jesucristo su hijo, nuestro señor y salvador. Comencemos, pues, en el libro de Santiago.


(Santiago 1:17) Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. {18} El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.


Todo, absolutamente todo, pero más específicamente, todo don perfecto proviene de Dios, quien nos engendró con la palabra de verdad para que seamos su creación y caminemos según su voluntad. La “creencia” es una ley establecida por Dios, y todos, en general, pueden beneficiarse o sacar provecho de ella. ¿Qué pasa con la fe, de dónde crees que vino la fe? Tienes razón, también proviene de Dios. Hagamos aquí un paréntesis para hablar de la fe.


(Romanos 10:17) Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.


Así es como se lee en la versión Reina Valera y en el programa de computadora que uso para estudiar. El Sr. E. W. Bullinguer dice que el texto griego lee: “Christós” en lugar de theos, y 54 de 70 diferentes versiones de la Biblia en Español concuerdan con él, así como el interlineal griego-español. Y cuando usamos "Cristo" en lugar de "Dios", romanos 10:17 dice: "Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo". Pero este versículo tiene mucho más sentido una vez que comprendemos el significado de algunas palabras como “oír”, que básicamente se refiere a la acción de oír, también se refiere al sentido auditivo, o directamente a lo que se escucha. Pero la palabra griega de la que se traduce “oír,” también significa: “anuncio,” que quiere decir: “dar cuenta de, anunciar, o predicar.” La otra palabra que, valga la redundancia,  debemos entender es, “palabra,” traducida del griego rhema.


Ahora leyendo el texto griego del programa de computadora (Romanos 10:17) dice: "ara: ara pistis: akoe: akoe: rhema: Theos". Aquí vemos la palabra griega “rhema” traducida como “palabra” junto con theos, que significa: Dios. “Rhema literalmente significa: expresión o palabra hablada. La palabra aramea es "meltha" y la raíz del verbo literalmente significa  "hablar". Pero se dice que “rhema”es una palabra o mensaje específico para un momento específico y con un propósito especial.


Mirando a través del interlineal griego-inglés y el interlineal griego-español, ambos tienen una pequeña variación en comparación con el programa de computadora. Así es como se leen ambos interlineales:


(Romanos 10:17) άρα n’ πίστις με ακούω n’ δέ ακούω διά ρηματος.


Ambas versiones concuerdan hasta ese punto, pero el interlineal Griego - Inglés tiene al final la palabra “Θεός,”  (theos = Dios), con una nota al margen que indica que 4 de los 6 traductores están de acuerdo que la palabra “Χριστός” es la que aparece en el texto griego. El Interlineal Griego- Español dice “Cristo.” Pero, ¿qué diferencia da si es la palabra de Dios o la palabra de Cristo? Bueno, ¡si  hay diferencia!


(2 Timoteo 2:15) Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.


“Usar bien” significa: hacer un corte exacto, o dividir correctamente, lo que quiere decir que debemos enseñar la Palabra de Dios como debe de ser, y si el texto Griego dice “Dios” o “Cristo,” debemos ser exactos en lo que enseñamos, debemos recordar lo que 2 Pedro también dice.


(2 Pedro 1:20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 


O sea, que no se trata de lo que yo piense o crea, sino de lo que en verdad la Palabra de Dios dice, no lo que yo o cualquiera opine. Y si crees que eso no es suficiente para ti, piénsalo dos veces, porque aquí estamos hablando de la fe, un principio fundamental para agradar a Dios, y poder recibir las bendiciones con las que prometió recompensar a quienes lo buscan diligentemente. Por eso es importante entender la diferencia entre Dios el Padre y Jesús el hijo de Dios. La fe provino de Dios al igual que la creencia, pero ya vimos, según Tomás, que el creer puede basarse en los cinco sentidos, en lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y gustamos. Un hombre natural puede creer, y alcanzar quizás algún grado de la fe natural, que es más como tener lealtad al deber o a una persona, fidelidad o confianza en algo o alguien. ¿Cómo crees tú que esos multimillonarios hicieron su dinero? ¡No por la fe de Jesucristo, por supuesto! Claro, hay muchas maneras de hacer trampa, pero aquellos que no hicieron trampa, lo hicieron confiando en lo que querían hacer, en las personas que los apoyaron, emocional o financieramente, ¡y creyendo en sí mismos! Con razón, una de las definiciones de fe del diccionario es: “confianza total”, pero así es como se conoce la fe en el mundo; nada más que un muy alto grado de creer, pero esa no es la fe de la que estamos hablando, aquí hoy. La fe de la que habló Habacuc hace miles de años, cuando dijo: “…más el justo por su fe vivirá”, y no creo que se refiriera a nuestra propia fe personal como sugiere el mundo: “cree en ti mismo.”


Apoyado en lo que sugiere el Sr. Bullinger, las 54 diferentes versiones de la Biblia en Español, los 4 traductores del Interlineal Griego-Inglés, y el Interlineal Griego – Español, una traducción literal del griego de Romanos 10:17, diría: “Por lo tanto, la fe es o viene por el oír, la predicación de la que Cristo vino a dar cuenta, mediante la palabra o mensaje específico en un tiempo específico y para un propósito especial”. ¿Recuerdas lo que dijo Habacuc en el versículo 3 del capítulo 2?


(Habacuc 2:2) Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. {3} Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.


Se suponía que la visión se manifestaría en el momento señalado, y se suponía que el mensaje también se pronunciaría en el momento adecuado.


(Habacuc 2:4) He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.

La fe vino de Dios, y solo entra en nuestros corazones al escuchar los rhematos; el relato dado o mensaje por medio de Jesucristo nuestro señor y salvador, ¿recuerdas lo que le dijo a Tomás?


(Juan 20:29) Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. {30} Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. {31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.


De ahí la importancia de Romanos 10:9, 10. ¡Confesar a Jesús como nuestro señor y salvador personal!


(Romanos 10:11)  Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.  {12} Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; {13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. {14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? {15} ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! {16} Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?


La palabra “anuncio” aquí es la misma palabra Griega que significa “oír.” Isaías dijo: Señor ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿De qué anuncio habla Isaías? De las palabras habladas, profecías y mensajes sobre la venida del mesías, el salvador del mundo. Entonces, el versículo 17 de acuerdo al texto griego diría: “Por tanto…, después de todo lo que acabamos de leer de los versículos 11 al 16, “Así que la fe es o viene por el oír, la predicación de Cristo, a través de la palabra o mensaje específico en un tiempo específico y para un propósito especial”. ¿Recuerdas cuando Felipe le pidió a Jesús que les mostrara el Padre?


(Juan 14:10) ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? las palabras que os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.


Jesús le dijo a Felipe “…el rhema que os hablo no lo hablo por mi propia cuenta, sino por el Padre que mora en mí…” El mensaje que os traigo es de mi Padre, y tiene un propósito especial, y cuál es ese propósito especial ¡El plan de salvación de Dios!


(1 Timoteo 2:4) el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.


¿Cómo? A través de “el justo por su fe vivirá”, porque sólo por la fe de Jesucristo todos los hombres pueden ser salvos, vivir la vida más que abundantemente, y tener la vida eterna. Cerremos nuestro paréntesis aquí y volvamos al capítulo 1 de Santiago.


(Santiago 1:19) Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; {20} porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. {21} Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. {22} Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 


El versículo 19 nos exhorta que seamos prontos para oír, pero, ¿oír qué? El anuncio del que Isaías habla ¡El mensaje del Padre! El versículo 21 describe las cosas de las que debemos deshacernos, la ira, que es totalmente opuesta a la justicia de Dios, además de desechar toda inmundicia, es decir: cualquier cosa que contenga o se caracterice por sucio y asqueroso;  pensamientos, lenguaje, imaginaciones, forma de vida, etc…, y la superabundancia de la depravación, el mal y la malicia. El versículo 22 agrega que además de todo eso, debemos ser hacedores de la Palabra de Dios; cuando no “realizamos, hacemos, o llevamos a cabo,” eso es lo que significa la palabra griega “poietes,” nos engañamos a nosotros mismos como esos tontos que tratan de labrar su propia justicia, esos que se jactan de decir “soy lo hice solo.” Y los siguientes versículos complementan lo que dice el versículo 22 haciendo todo eso más claro que el agua.


(Santiago 1:23) Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. {24} Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. {25} Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.


¿Has mirado atentamente en la ley perfecta de la libertad? ¡Sé que lo has hecho! Pero ¿cuál es la perfecta ley de la libertad? ¡Es la Palabra de Dios y las promesas de Dios! ¡Es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente, y fuerzas;  y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos! Es el nuevo mandamiento de amarnos los unos a los otros y el cumplimiento la profecía de Isaías 61 en Lucas 4:18 cuando se le dio el rollo a Jesús y leyó:


(Lucas 4:18) El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; {19} A predicar el año agradable del Señor. {20} Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. {21} Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 


¿Crees tú eso? Eso se cumplió en el día de Pentecostés, cuando en el templo los apóstoles fueron todos llenos del espíritu santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Después, cuando Pedro se levantó y dijo en:


(Hechos 2:39) Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.


Sí, Pedro estaba hablando solo a los judíos pero “…a cuantos el Señor nuestro Dios llamare” nos incluye a nosotros, y eso fue confirmado cuando Jesús le dijo a Ananías que ministrara a Pablo.


(Hechos 9:15) El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 


Y Pablo finalmente hizo que sucediera cuando se cansó de las quejas, la rebelión, la ira y las blasfemias de los judíos.


(Hechos 18:5) Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. 


Ese fue el mensaje que Jesús le dijo a Tomás que tenía que creer. ¡Que él era el Cristo, el hijo de Dios!


(Hechos 18:6) Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. 


¡Gracias a Dios por su infinita gracia y misericordia!


El versículo 25 en Santiago capítulo 1 dice: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”


La palabra “hace” tiene que ver con lo que hacemos o no hacemos, con las acciones que llevamos a cabo. Aquí en Santiago 1:25 es la palabra griega póiesis que significa acción, desempeño. ¡Si queremos ser bendecidos debemos actuar, no solamente oír!


Hay dos palabras clave en este interesante versículo: la palabra “mira”, que es la palabra griega parakúpto, que significa: inclinarse, mirar hacia adentro, o como comúnmente decimos “echar un vistazo,” mirar dentro, que es básicamente: mirar largo y tendido con asombro o sorpresa. La otra palabra es “persevera”, que es la palabra griega paraméno, que significa: estar cerca, ser permanente, perseverar, permanecer, continuar. ¿Recuerdas lo que dijo Jesús en el evangelio de Juan?


(Juan 8:31)  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis (meno) en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; {32} y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 


No es solo confesar a Jesús como señor, sino permanecer en la palabra de Dios es lo que nos lleva a perseverar en la perfecta ley de la libertad.


El mundo define “fe” como: “Un conjunto de creencias de una religión, o confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo, una fuerte convicción, seguridad, aseveración de  que algo es cierto. Pero aquí quiero trazar una línea, porque aunque “creencia” es la forma verbal de pistis, y pistis básicamente significa: “fe”. "Creencia" y "fe" son partes de la misma franquicia, pero no juegan en la misma liga, por así decirlo. El diccionario de la RAE define la “creencia” como: “completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos;” y define “fe” como: “seguridad, aseveración de que algo es cierto,” tener plena confianza, o una fuerte convicción, pero “fe” es más que “una fuerte creencia”, eso es “confianza”; La “fe” de la que hablamos es mucho más que tener un alto grado de creencia; es estar plenamente persuadido acerca de todas las promesas de Dios, y gracias a Dios, su santa Palabra, la biblia, define lo que realmente es la fe, y no significa simplemente "confiar.”


(Hebreos 11:1) Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 


La palabra “certeza” del griego upóstasis, significa: “soporte  o fundamento”. La palabra “espera” del griego elpízo significa: “una expectación confiada.” La palabra “evidencia” del griego elégco significa: “prueba segura y convincente. La frase “no se ve” del griego blépo significa: “tener el poder de ver; el acto de mirar, aunque no se vea nada”. Todo eso combinado es lo que realmente es la fe; déjame mostrarte una traducción literal usando estas palabras del texto griego:


“Es, pues, la fe pistis, el fundamento firme de que las cosas que confiadamente esperamos, con plena seguridad, con firmeza y seguridad esperamos, es la prueba convincente y la garantía certificada de que por el poder de ver percibimos aquellas cosas que no podemos ver ahora.


En otras palabras, “fe” es algo sobre lo que podemos pararnos firmes como un fundamento inamovible, es la prueba convincente, certificada y garantizada de las cosas que Dios nos la prometió, las cuales confiadamente, con plena seguridad esperamos de él, aunque no podemos verlas ahora, son verdaderas y reales.


¿Recuerdas que mencioné en la parte I que la palabra fe aparece solo dos veces en el Antiguo Testamento?  De hecho la palabra Hebrea emuwnah traducida como fe, solo aparece en el libro de Habacuc. 2:4 y significa: firmeza, seguridad, fidelidad, puesto fijo, estabilidad, constancia, verdadero, verdad. ¿Te recuerda alguno?


Esa es la “fe” prometida a la que se refería Habacuc. Nosotros la llamamos “la fe de Jesucristo”. Y es por esa fe que somos salvos; y ahora miembros en particular del cuerpo de Cristo.


¿Puedes ahora ver la diferencia entre “fe” y “creencia”? Cualquiera puede jugar en la liga de la  creencia, hasta los agnósticos, y los ateos, tienen derecho a ser estúpidos y declarar: “…no hay Dios”. Pero la “fe prometida” solo se juega en una liga de primer nivel, el reino espiritual. La creencia se basa en los cinco sentidos, solo mira o escucha las noticias, no necesita el espíritu santo para creer todas sus mentiras y confiar en sus fuentes de noticias. De niños no necesitábamos espíritu santo para creer lo que nuestros padres nos decían. Pero la “fe prometida,” la “fe de Jesucristo” es espiritual, y para que podamos discernir asuntos espirituales necesitamos espíritu santo.

 

(1 Corintios 2:14) Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

 

Doy gracias a Dios por el día que dejé de ser un hombre necio y acepté a Jesucristo como mi señor y salvador. En el capítulo 11 de hebreos hay toda una disertación acerca de la fe y dice que:

 

(Hebreos 11:3) Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra (rhema) de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 

 

Todo el universo fue hecho y creado por Dios.

 

(Hebreos 11:4) Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.

 

Dios mismo dio testimonio de que Abel fue un hombre justo.



(Hebreos 11:5) Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.


La frase “por la fe”, aquí, significa que confiaron en Dios siendo leales, fieles y dignos de confianza hacia él, la palabra justos aquí significa: equitativos en carácter y acciones. No había engaño ni malicia en Abel, lo que le fue contado por justicia. En cuanto a Enoc, Dios lo trasladó porque antes de ello, había agradado a Dios.

 

Si alguna vez queremos agradar a Dios, debemos manifestar fe, sin fe es imposible agradar a Dios, y para que podamos manifestar fe, debemos creer que Él es. La fe no es simplemente una palabra más en la lengua vernácula del cristianismo. Fe es lo que Dios ha repartido a todo hombre que confiesa a Jesucristo como su señor y salvador personal. La fe es manifestada cuando tomamos acción; nuestras acciones son guiadas por nuestra creencia, y nuestra creencia siempre determinada por nuestra confesión.

 

La fe es lo que nos permite mover montañas, sanar enfermos, resucitar muertos. La fe nos permite mirar dentro de la perfecta ley de la libertad. Déjame leerte de nuevo una traducción literal del griego:

 

“Es, pues, la fe pistis, el fundamento firme de que las cosas que confiadamente, con plena firmeza y certeza segura esperamos, es la prueba convincente y la garantía certificada de que por el poder de ver percibimos aquellas cosas que no podemos ver ahora.

 

En otras palabras, “fe” es algo sobre lo que podemos pararnos firmes como un fundamento inamovible, es la prueba convincente, certificada y garantizada de las cosas que Dios nos la prometió, las cuales confiadamente, con plena seguridad esperamos de él, aunque no podemos verlas ahora, son verdaderas y reales.

 

La fe requiere de dos partes, tú, yo, o cualquier otro creyente cristiano y Dios. Debemos confesar, creer y actuar. Dios ya garantizó su parte, recuerda lo que Jesús le dijo a Felipe: “…pero el Padre que mora en mí, él hace las obras. ¿Acaso no es Dios en Cristo en ti? ¡Tú solo confiesa, cree y actúa, Dios hará las obras!

 

La exhortación para cada uno de ustedes, incluyéndome a mí:

 

(Hebreos 10:22) acerquémonos con corazón sincero (veráz), en plena certidumbre de fe (pistis), purificados los corazones de (apo = lejos de) mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. {23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión (omología =  confesión) de nuestra esperanza (elpis = expectante gozo), porque fiel es el que prometió. 

 

La palabra “profesión” del griego también se traduce como “confesión”, la palabra esperanza en el versículo 23 es elpis, que significa: “anticipar, generalmente con placer =  gozo expectante).

 

La Biblia Peshita (Nuevo Testamento) ofrece una muy buena traducción de la primera parte del  versículo 23, que dice :  “asiéndonos firmemente de la confesión de nuestra esperanza, sin fluctuar,…” Y la segunda parte nos da la razón de porqué debemos mantenernos asidos firmemente a nuestra confesión: “…porque fiel es el que nos prometió.”

 

La palabra "fiel" aquí es la palabra griega "pistos" que significa: "digno de confianza, veraz, seguro y verdadero". La Biblia Kadosh Israelíta Mesiánica dice en la segunda parte del versículo 23: “porque el que hizo la promesa es digno de confianza.”

 

Comencé esta enseñanza con Santiago 1:17; que “toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto y desciende del Padre de las luces, en quien no hay mudanza, ni sombra de variación”.

La palabra “no” aquí es una negación absoluta: “no, tampoco, nunca.” En Dios absolutamente NO hay mudanza. La palabra “mudanza” significa: no transmutación, inconstancia o cambio. La palabra “Sombra” significa: sombra, oscuridad, tinieblas; y la palabra “variación” significa: revolución, vuelta o retroceso. Y en Dios NO, ABSOLUTAMENTE, NO hay ninguna de esas tres cosas. Lo que me recuerda la primera parte de Malaquías 3:6 que dice: “Porque yo Jehová no cambio…”

¡Amigos míos, así dice el Señor! 

I. H. N.

J. E. R.S.

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“Ser o no ser” es una frase muy conocida de la renombrada obra ficticia “Hamlet”, escrita por William Shakespeare muchos siglos atrás. Pero “creer o no creer” es un dilema de la vida real. Mira lo que Jesús dijo en el evangelio de Juan 14:1


(Juan 14:1) No se turbe vuestro corazón; creéis (pistéuo) en Dios, creed (pistéuo) también en mí.


Quiero continuar enfocándome en los conceptos básicos de la Palabra de Dios, y lo más básico que encontramos cuando estudiamos la Palabra de Dios es: "creer". La “creencia” es una de esas leyes inmutables de Dios que aplica a todo ser humano, cristiano y no cristiano, así como el sol y la lluvia que cae sobre justos e injustos. En la clase “Vivir Triunfantes en Cristo” aprendimos que la “creencia” puede ser positiva o negativa, y nosotros como “creyentes cristianos” debemos enfocarnos en el lado positivo de ella.


Las palabras de Jesús para nosotros fueron: “creer en Dios y también creer en él”, pero el principal problema espiritual de los hombres es: “creer en la integridad de la Palabra de Dios”, y para solucionarlo, en la raíz misma del problema está también la solución: ¡Creer! ¡Porque sin creencia, no hay  absolutamente, nada!


(Hebreos 11:6) Pero sin fe (pístis)es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea (pistéuo)que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 


La palabra “hay”, en este versículo, proviene de la palabra griega “estin”; que significa: “ser” o “existir”. Así que, para que podamos agradar a Dios debemos tener fe, y el requisito previo de la "fe" es: "creer". Todos queremos agradar a Dios, ¿verdad? Me refiero a todos los “creyentes cristianos”, porque, no todos en el mundo quieren agradarlo.


(Salmo 53:1) 1 Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; No hay quien haga bien.


La palabra hebrea para “necio” también significa: “estúpido, malvado, vil”. Este Salmo no está hablando de personas tontas o ingenuas; se refiere a personas malvadas, viles, gente moralmente despreciable, o abominable; quienes han determinado en su intelecto que “Dios no existe”. Esta mentira todavía se promueve en la actualidad, y lamentablemente, muchos aún  la creen. Así que, parte del problema espiritual de los hombres especialmente para los agnósticos y los ateos es: “el Dios todopoderoso no existe”, determinaron eso en lo más profundo de sus mentes, Dios los llama; “estúpidos, malvados, viles”. Gracias a Dios nosotros no somos partícipes de sus creencias. La otra parte del problema, especialmente para el hombre natural, es que no creen en la “integridad de la Palabra de Dios”. Y sin creencia, mis amigos, no hay Dios, sin Dios, no existe su Palabra, sin su Palabra no hay Jesús, y sin Jesús  no hay Cristo, y sin él no hay gracia, ni salvación, ni vida eterna; como dije al inicio de esta enseñanza, sin “creencia” ¡no hay nada!


El diccionario de la RAE dice que, “creer” es: “Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado, y tener confianza en alguien o algo”; y que la “creencia” es: “Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos”. O sea, que, ambas definiciones se refieren a: “Dar pleno crédito a un hecho o noticia como seguro o cierto” y también “tener confianza en alguien o algo”. Pero ¿Quién es quién da pleno crédito a esos hechos o noticias, y los acepta como seguros o ciertos, poniendo su confianza en personas o cosas? ¡Nosotros!


A lo largo de nuestras vidas hemos dado crédito y depositado nuestra confianza en muchas personas y cosas; siendo nuestros padres quienes iniciaron el proceso de la “creencia” en nuestras vidas. Nos hablaron del “viejo que roba niños” para que no saliéramos a la calle solo; de Santa Claus y los Reyes Magos, para que nos portáramos bien  y no fuéramos groseros; de la “llorona”, del “jinete sin cabeza”, y tantas tradiciones y costumbres que nos inculcaron, para luego descubrir en nuestras vidas que ninguna de esas cosas eran ciertas, pero de niños creímos lo que nuestros padres nos decían, porque en el corazón de un niño no hay malicia sino inocencia, y confianza plena en sus padres. En la escuela, nuestros maestros nos enseñaron muchas otras cosas, algunas correctas, otras incorrectas. Luego vino la universidad quizá, y después la vida. Y a medida que crecimos, rechazamos lo que descubrimos que eran fábulas de viejas, como dice la Biblia, o viles mentiras; y mantuvimos las que queríamos aceptar como verdaderas. Ahora bien, la religión es una de las culpables más responsables del principal problema espiritual de los hombres, debido a todas las “creencias” que muchos grupos o denominaciones han difundido como verdad cuando la Biblia dice lo contrario. Muchos que han envejecido creyendo estas cosas, tienen ahora gran dificultad para aceptar lo que la Biblia claramente dice, porque han sido, hasta cierto punto, adoctrinados para creer como verdadero, lo que durante tantos años a lo largo de sus vidas, les han inculcado.


La palabra "creencia", solo aparece 8 veces en toda la Biblia, y siendo la Biblia un libro basado en la creencia, fue impactante para mí descubrir que solo se usa 8 veces en ella. Ni una sola vez en lo que se clasifica como Antiguo Testamento, sólo tres veces en los evangelios; y cinco veces en las epístolas. “Creencia” es traducida de la palabra griega pistéuo, que es la forma verbal de la palabra griega “pistis”, y “pistis” significa: “fe”. Y por eso, la mayoría de las veces usamos estas dos palabras como sinónimos, pero ¿son lo mismo? Para averiguarlo, echemos un vistazo primero a esos tres casos en los que se usa la palabra "creencia" en los evangelios.


(Mateo 21:21)  Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe (pístis), y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. {22} Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo (pistéuo), lo recibiréis.


Aquí tenemos nuevamente “creencia  y “fe” y la instrucción refleja el mismo orden, primero debemos “creer” para manifestar “fe”. Ahora, la palabra “Fe” solo se usa dos veces en el Antiguo Testamento y solo en una de ellas es traducida como “fidelidad o confianza”. “Fe” es usada en los evangelios 29 veces en 99 versículos, y en las epístolas 216 veces en 200 versículos, para un total de 245 veces usada en toda la Biblia en 299 versículos. Así es como sabemos que la doctrina enseñada en las epístolas a la iglesia está basada en la “fe”, y para manifestar la “fe”, primero debemos “creer”.


(Juan 20:27)  Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo(apístos), sino creyente (pistos). 


Tomás no dio crédito alguno ni confió en lo que los apóstoles le dijeron acerca de que Jesús vino a visitarlos, cuando estaban escondidos tras de puertas cerradas por miedo a los judíos, y Jesús le dijo que no fuera un “apistos” o incrédulo, sino un “ pistos”, un creyente. ¿Pero creyente de qué? ¿Qué es lo que Tomás tenía que creer? Quiero que tomes en cuenta que esto fue escrito por el apóstol Juan, quien fue testigo ocular de los hechos y escogido  por el mismo Jesús.


(Juan 20:29) Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.  {30} Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. {31} Pero éstas se han escrito para que creáis (pistéuo) que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo (pistéuo), tengáis vida en su nombre.


Esto es como hallar una “pepita de oro” en esta sección de las Escrituras ¿Podría ser  más claro que eso? ¿Qué es lo que Tomás tenía que creer? ¡Creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios! ¡No dice que Jesús es Dios, sino el Cristo, el hijo de Dios, para que creyendo, tengáis vida en su nombre! ¡Eso es lo que Jesús le dijo a Tomás que creyera! Y eso es lo que los apóstoles creyeron y predicaron durante toda su vida.


Esas son las únicas tres instancias en las que se usa la palabra “creencia o creer” en los evangelios, lo que pinta una imagen muy clara de lo que debemos creer. ¡Que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios! ¡No Dios mismo! ¿Recuerdas cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel, cantando alabanzas a Dios, y las puertas de la prisión se abrieron y todos tenían las manos libres, y el guardián de la prisión pensó que todos habían huido y trató de suicidarse?


(Hechos 16:28) Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. {29} El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; {30} y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? {31} Ellos dijeron: Cree (pistéuo) en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. {32} Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. {33} Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. {34} Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído (pistéuo) a Dios. 


Aquí hay otra verdad escondida a simple vista, que para creer en Dios primero debes creer en Jesucristo como tu Señor, como dijo Jesús en Juan 14:1, lo que nos lleva al libro de romanos,  donde se describe y se establece la doctrina de la fe.


(Romanos 10:1 Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. {2} Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. {3}  Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; {4} porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.  5} Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. {6} Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); {7} o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). {8} Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: {9} que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.  {10} Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 


La voluntad de Dios no solo para Israel, sino para todos los hombres es que sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad; y a diferencia de Israel, que tenía enorme celo por Dios por medio de la ley, pero no tenía ningún conocimiento de él; Dios quiere que nosotros lo conozcamos a él, y conozcamos su Palabra, para que no establezcamos nuestra propia justicia y nos sometamos a nuestra propia justicia o juicio, como Israel se sometió a la ley. En el versículo 6, la justicia de Dios es llamada “la justicia de la fe”,  de la cual se habla en el Antiguo Testamento.


(Habacuc 2:1) Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. {2} Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. {3} Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. {4} He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.


“Fe”, del hebreo, aquí significa: firmeza, seguridad, estabilidad, firme, verdaderamente, verdad.


Habacuc tuvo el privilegio de conocer acerca de esa “fe” prometida. Hay un par de cosas que quiero que noten aquí. La frase: “…la visión tardará por un tiempo aún”,  en texto Hebreo dice: “…la visión vendrá a un tiempo señalado”. Permíteme leer Habacuc 2:3, 4 de la Biblia Lamsa:


(Habacuc 2:3) Porque la visión vendrá a pasar a su tiempo señalado, y se cumplirá al fin, no mentirá, y si se tardare, no os impacientéis, porque ciertamente vendrá, se no tardará {4} Porque su alma no se deleita en la iniquidad, mas el justo por la fe vivirá. (Biblia Lamsa)


Como ven en estos versículos, esta versión es un poco diferente a la versión Reina Valera.  Ahora, no quiero agregar ni quitar nada de las Escrituras, creo que sabemos las consecuencias de ello, pero podría especular un poco aquí, porque la visión que vendrá en el momento señalado, podría tener algo que ver con la primera venida de Jesús. 


Además, cuando leo la parte (a) del versículo 4 en la Biblia Lamsa, donde dice: “Porque su alma no se deleita en la iniquidad”, me recuerda la profecía del Salmo 16:10 que dice: “Porque no dejarás mi alma en el Seol; ni permitirás que tu Santo vea corrupción.” La palabra Seol, en  Hebreo significa: “tumba o sepulcro”. Y este salmo se refiere a que el cuerpo de Jesús no iba a estar en la tumba más de 72 horas, que es cuando comienza el proceso de descomposición del cuerpo humano, después de la muerte. Y cuando leo la parte (b) del versículo 4 especialmente de la versión Reina Valera donde dice: “…más el justo por su fe vivirá” eso me recuerda Hebreos 12.


(Hebreos 12:2) puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 


Quiero abrir un paréntesis aquí para aclarar este versículo. La palabra “autor” proviene del griego  archegó, que significa: “líder, capitán, príncipe, autor”. Los traductores de la Reina Valera simplemente usaron “autor” en este versículo. Veamos donde más se usa esta palabra Griega:


(Hechos 3:15) y matasteis al Autor (gobernante conductor = líder) de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.


En el texto Griego, referente a este versículo y con respecto a la palabra “autor”, el editor explica, que  fue su preferencia usar esa palabra, porque según él, era la traducción más expresiva del vocablo Griego; sin embargo, la palabra Griega archigó, que en algunos textos antiguos se ha traducido como: “gobernante conductor”, aún en la actualidad significa: “líder”. Veamos otro uso de la misma palabra Griega.


(Hechos 5:31) A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 


Aquí fue traducida como “príncipe”. ¿Por qué el editor usó la palabra “príncipe” aquí, y no “autor”, siendo que “autor”, “es la palabra más expresiva del vocablo Griego”, según las propias palabras del editor? Porque simplemente ellos decidían que palabra usar, sin importar a veces  que el mensaje se alterara, o con el fin de influenciar ciertas ideologías o tendencias. En este caso, yo pienso que fue para no exponer su teología e ideología trinitaria, no podía poner a Dios y a Jesús como uno mismo en el mismo versículo, porque si Jesús es Dios, como muchos creen,  cómo podría decir que: “A éste, (Jesús, si él es Dios) Dios lo exaltó por príncipe y salvador”, o sea, que, ¿Dios se exaltó a sí mismo, y está también se sentó a su propia diestra? ¡No! Lo que Jesús dijo a Tomás que creyera fue: “…que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo (pistéuo), tengáis vida en su nombre.”. Vean el siguiente versículo.


(Hebreos 2:10) Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor (gobernante conductor = líder) de la salvación de ellos. 


Aquí el editor vuelve a poner una nota de que fue su elección usar la palabra “autor”, en lugar de “príncipe, capitán o líder”, y cualquiera de esas otras tres palabras haría mucho más sentido que la palabra “autor”. Ahora, la palabra “consumador” del griego, teleiotes, también significa: “perfeccionador o completado”, se usa solo dos veces en toda la biblia siendo esta es una de ellas, veamos cómo se usó en el otro único versículo.


(Colosenses 3:14) Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto

Teleiotes es traducida aquí como: “perfecto”, lo que nos demuestra que los traductores y editores de la Biblia, usaron las palabras que ellos preferían, no necesariamente la que diera el más claro mensaje. Déjame leer ahora una versión más acorde a las palabras griegas en cuestión.


(Hebreos 12:2) Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. (Biblia al Día de 1989)


Hebreos 12:2 se refiere a que Jesús es el príncipe, capitán o líder de la fe, no el autor, Dios todo poderoso es el autor de la fe; Jesús fue el agente, el medio para dar a conocer la fe. La versión Bíblica de Serafín de Ausejo de 1975 llama a Jesús “el jefe iniciador de la fe”, porque él la inició, Jesús es quien la dio a conocer, él es pues el “jefe iniciador” quien la llevó a cabo y la completó por medio de su obra, al morir por nosotros en la cruz, al ser resucitado por Dios a los tres días con sus noches, y al ascender al Padre. Y fue Jesús mismo quien completó la fe para cumplir con la ley de Moisés y abolirla. Cerremos aquí nuestro paréntesis para volver a la segunda parte de Habacuc 2:4 donde dice: “más el justo por su fe vivirá”, lo que me hace pensar que se refería a la fe de Jesucristo, el jefe iniciador y por cuya fe nosotros somos perfeccionados.


Cristo puso fin a la Ley de Moisés e introdujo la justicia de la fe de parte de Dios para todo aquél que cree; y creer, es el ingrediente más básico de la fe. La ley de Moisés fue un prototipo de lo que había de venir. Vamos a Deuteronomio.


(Deuteronomio 30:10) cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. {11} Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. {12} No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? {13} Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? {14} Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.


Aquí se encuentran grandes verdades, y aunque esto fue dirigido expresamente al pueblo Judío, no podemos negar que nos muestra las bases de la doctrina cristiana escrita en el libro de romanos., donde se nos dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.  En Deuteronomio, el versículo 10 habla de obediencia, de que: cuando te convirtieres a Jehová tu Dios, lo hagas con todo tu corazón y con toda tu alma”. El versículo 11 habla de un mandamiento, pero en los evangelios Jesús nos habla de un mandamiento nuevo: “amarnos los unos a los otros”. Los versículos 12 y 13 nos hablan de oír, de obedecer y de cumplir, y el versículo 14 involucra la palabra con la boca,  con el corazón, y reitera cumplirla. 


¿Cumplir qué? La palabra hebrea  “cumplas” también significa: “realizar, cumplir, hacer, llevar a cabo”. ¿Qué es lo que tenemos que llevar a cabo? ¡La voluntad de Dios, por medio de su Palabra! Ahora, si creer es el ingrediente más básico de la fe, el principio fundamental del creer es “hacer, llevar a cabo, o cumplir”. Creer es un verbo, una palabra que característicamente es el centro gramatical de un predicado y expresa un acto, una acción u ocurrencia; en otras palabras, un verbo connota acción, si no actúo, hago, llevo algo a cabo, o cumplo ¿cómo puedo decir que creo? La fe se manifiesta cuando nosotros actuamos.


(Santiago 2:18)  Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 


Todo lo escrito en el Antiguo Testamento, incluyendo la Ley de Moisés, era un prototipo de lo que había de venir, y Habacuc hablaba de esa fe. La fe se demuestra con obras, con acción, cumpliendo y llevando a cabo la voluntad de Dios, por eso es que nos pide que seamos hacedores no solamente oidores. Cuando Pablo y Silas estaban predicando a Cristo al carcelero y su familia, tal como lo hicieron los demás apóstoles a lo largo de las epístolas. ¿Qué fue lo que Pablo le pidió a la gente hacer entonces, que todavía está disponible que hagamos hoy? ¡Confesar para salvación y creer para justicia en nuestros corazones!


(Romanos 10:9) que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. {10} Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 


¿Puedes ver cómo se edifica la fe? Para agradar a Dios necesitamos fe, y para tener fe debemos creer que Dios existe, y creer en él; pero para eso, primero debemos creer en Jesús al confesarlo con nuestras bocas, como señor de nuestras vidas, y creer en nuestros corazones que Dios lo levantó de entre los muertos. Así que nuestra confesión es lo que determina nuestra creencia, y nuestra creencia siempre está guiada por nuestras acciones, y nuestras acciones u obras, son las que manifiestan nuestra fe. ¿Recuerdas el relato de la mujer con el flujo de sangre? Jesús se dirigía a sanar a la hija de uno de los principales de la sinagoga llamado Jairo.


(Marcos 5:27)  cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. {28} Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. {29} Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 


Esta historia nos muestra toda la mecánica de la Fe. A diferencia de Tomás, quien caminó con Jesús, y quería ver para creer, esta mujer, cuando oyó hablar de Jesús, no esperó a que Jesús sanara a esta niña. Ella creía en su corazón que  Jesús era capaz de sanar a la niña, pero no esperó, sino, en el camino, mientras caminaba entre la multitud, ella decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. La palabra "decía" en Griego es: lego, que significa: "exponer", "relacionar con palabras", "decir, hablar, pronunciar". En otras palabras, ella confesó: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. ¡Ella hizo lo que confesó y se sanó de aquel azote!  En el versículo 34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”. Su fe se manifestó en llevar a cabo su creencia, y su creencia estaba reflejada en su confesión. ¿Recuerdas la historia del hombre con la mano seca en Lucas 6:10 cuando Jesús le dijo al hombre, “…extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada”? Este hombre no cuestionó a Jesús y dijo: “vamos hombre, ¿no ves que mi mano está seca, estás loco? ¿Cómo puedo hacer eso? ¡No, el no respondió de esa manera! La Biblia dice: “…y él así lo hizo”. Vamos a Lucas, veamos otro tremendo ejemplo de la mecánica de la fe en acción.


(Lucas 17:11) Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. {12} Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos {13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! {14} Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.


Quiero hacer notar que estos hombres llamaron a Jesús, “maestro”. La palabra Griega para “maestro” aquí es epistates; que se usa dirigiéndose al señor en reconocimiento de su autoridad como superior a ellos, no porque estuviera enseñándoles algo como un maestro o rabino, sino porque reconocían la autoridad de Jesús como hijo de Dios. Ahora el mandato que Jesús dio a estos hombres fue “id”, y mientras iban, fueron limpiados. Ellos obedecieron de inmediato, tomando acción, ellos comenzaron a “ir” caminando hacia el templo, ni siquiera consideraron  que siendo ellos leprosos, no les iban a permitir siquiera entrar al templo, y mucho menos mostrarse ante los sacerdotes. ¡La orden fue “id” y mientras  “iban” fueron limpiados!


(Lucas 17:15) Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, {16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. {17}  Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?  {18} ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? {19} Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.


En el versículo 18 Jesús llamó extranjero a este samaritano. ¿Recuerdas que inicialmente mencioné que “creer” es una ley inmutable, que funciona tanto para cristianos como para no cristianos? Este es un buen ejemplo de ello. Un samaritano en la Biblia era una persona de Samaria, una región al norte de Jerusalén, y en la época de Jesús, el pueblo judío de Galilea y Judea rechazaba a los samaritanos, considerándolos una raza mixta que practicaba una religión impura y medio pagana. Por eso Jesús le llamó extranjero. No te olvides de la mujer  Cananea en Marcos 7:21-28 que pidió misericordia porque su hija estaba gravemente atormentada por  un demonio, pero ella creyó por la sanidad de su hija y fue sanada. Los cananeos eran gente nativa de la tierra de Canaán, gente que tenía muchos dioses y practicaba la idolatría entre muchas otras cosas consideradas como abominación para Dios, y eran considerados como perros a los ojos de los judíos. ¿Y qué me dices del centurión Romano que pidió a Jesús la sanidad para su siervo? Todos ellos eran extranjeros y sin embargo creyeron y recibieron la liberación o la sanidad de lo que los atormentaba. ¡La creencia es una ley inmutable y funciona para bien y para mal!


En Lucas 17:15, el leproso de este relato que volvió a Jesús, después de ver que todos habían sido sanados, no era judío, y como samaritanos no eran bien vistos por los judíos. Pero este samaritano, al venir a Jesús,  puso todo en su orden debido; él glorificó a Dios, el Padre de nuestro señor Jesucristo, y agradeció a Jesús, el hijo de Dios, reconociendo su autoridad por encima de él, como su señor.


(Lucas 17:19) Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.


No fue la fe personal del samaritano lo que le dio liberación, sino la acción creyente que tomó, al obedecer las palabras de Jesús cuando les dijo “id”, él actuó, él obró, él creyó en las palabras de Jesús y confió en su autoridad como hijo de Dios.


En resumen, para que podamos agradar a Dios debemos tener fe, y para tener fe debemos creer que Dios existe, y creer en él; pero para eso, primero debemos creer que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y hacerlo nuestro señor por medio del acto de confesarlo con nuestra boca, y creer en nuestro corazón que Dios le levantó de entre los muertos, porque a través de su nombre y solo a través de su nombre podemos tener vida, y tenerla más que abundantemente, como dice Juan 10:10. Así que la fe, amigos míos, se manifiesta con nuestras acciones, nuestras acciones están determinadas por nuestra creencia, y nuestra creencia  siempre debe ser guiada por nuestra confesión. Por eso Dios quiere que seamos tardos para hablar. Seamos inteligentes, pensemos primero antes de abrir nuestras bocas y proferir palabra alguna, porque lo que confesamos, si lo creemos y actuamos en consecuencia, se hará realidad. Esa mis amigos es la mecánica de la Fe.


En la segunda parte me voy a enfocar específicamente sobre la fe, qué es la fe y de dónde viene la fe, mientras tanto, no dejen de confesar, creer y actuar, porque el resultado final de todo eso es la fe, para que podamos siempre agradar a Dios nuestro Padre celestial y recibir las recompensas que él en su infinito poder, misericordia, y gracia ha prometido, porque él es el único galardonador de todos aquellos que diligentemente le buscan.


¡Dios te bendiga!

E. S. N.  

J.E.R.S.

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