La fuente principal de información de este blog es La Biblia. Todas las enseñanzas compartidas aquí, son y serán principalmente basadas en la Biblia Reyna Valera Versión de 1960

 

Hoy quiero compartir acerca de la aceptación. Aceptación es la calidad o estado de ser aceptado o aceptable, el hecho de recibir una aprobación. En el libro de Romanos, Dios por medio del apóstol Pablo nos implora a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo para agradarle a él.


(Romanos 12:1) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. {2} No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 


Como seres humanos, y a diferencia de los ángeles del cielo, Dios nos dio una variedad de diferentes cualidades y capacidades con respecto a nuestros sentimientos y emociones, en su mayoría manifestadas como resultado o consecuencia de una respuesta a nuestros cinco sentidos,  que son parte de nuestra mentalidad física carnal. Administrar nuestra vida de alma con respecto a la manera en que nos conformamos, ya sea; a la manera de Dios o a la manera del  mundo, determina si vamos a caminar en esclavitud o en libertad. El libro de romanos es un maravilloso libro doctrinal donde podemos encontrar y aprender mucho de todo lo que necesitamos hacer para lidiar con nuestra naturaleza carnal. El capítulo 7 nos muestra todo lo que necesitamos saber al respecto de ello.


(Romanos 7:1) ¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? 


El versículo 1 se refiere a la Ley de Moisés y al hecho de que los que conocían la ley, entendían que hasta el día de su muerte iban a estar sujetos al dominio de esa ley, a menos que sucediera algo diferente.


(Romanos 7:2)  Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. {{3} Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera. {4} Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. {5} Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. {6} Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.


A partir de la analogía de la mujer casada y el resto de estos versículos, Pablo está mostrando a los que conocían la ley, que algo diferente ya había sucedido, y que así como esa mujer que ahora era libre de casarse con otro hombre después de la muerte de su marido, ellos también habían sido liberados de la Ley de Moisés por la cual se conoce y se imputa de pecado.


El versículo 4 dice que por la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, quedaron muertos a la ley y, en consecuencia, liberados de ella. El versículo 5 les recuerda su forma de vida pecaminosa al andar en la carne, pero el versículo 6 les reafirma que ya fueron liberados de la ley para ahora servir a Dios, bajo el régimen nuevo del espíritu.


Pablo sabía y comprendía eso, y trató de explicar a los judíos que algo diferente ya  había sucedido y compartiendo con ellos su propia experiencia.


(Romanos 7:22) Porque me deleito en la ley de Dios según el hombre interior:


¡Solamente así es como podemos servir a Dios, en espíritu! Pero Pablo sabía que la gente todavía estaba mentalmente sujeta a la ley.


(Romanos 7:23) pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. {24} ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? {25} Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.


Pablo expuso aquí los dos lados opuestos de la vida; la ley de Dios según el hombre interior, que es estar en Cristo Jesús o andar según el espíritu; y la ley del pecado que es andar según la carne, siendo la carne una representación de nuestra vida de alma y de los cinco sentidos. Pablo sabía que él no era perfecto como también sabemos que nosotros no somos perfectos, es decir, en la carne debido a la ley del pecado; y en el versículo 14 explica por qué sucede esto.


(Romanos 7:14) Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. 


Esto es a lo que se enfrentan muchos creyentes cristianos, dejarse guiar por la carne, además de no sentirse aceptados por Dios y se condenan, lo que se describe en los siguientes versículos:


(Romanos 7:15) Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. {16} Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. {17} De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. {18} Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. {19} Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. {20} Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. {20} Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. {21} Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. {22} Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; {23} pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 


Estas leyes aquí mencionadas: la "ley del pecado"; la "ley de nuestra mente"; y la “ley de Dios” son todas leyes espirituales, y es por eso que ninguna terapia física, tratamiento psicológico o cualquier tipo de remedio mundano basado en los cinco sentidos nunca funcionan, y la culpa, el remordimiento, la condenación y el juicio nunca se van de nuestra mente. ¿Quieres liberarte de la condenación?


​(Romanos 8:2} Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. {3}Porque lo que la ley no podía hacer, por ser débil por la carne, Dios enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y por el pecado, condenó al pecado en la carne: {4}para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


Esto básicamente sería el final de la historia, si quieres deshacerte de la culpa, del remordimiento, de la condenación o el juicio, ¡dejar de caminar según la carne y camina conforme al espíritu! En Gálatas también se nos exhortan a lo mismo.


(Gálatas 5:16) Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 


Hacer una de estas dos cosas trae como resultado dejar de hacer la otra, ¿qué prefieres?


Gálatas (5:17)  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. {18} Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 


La palabra “SI” en el versículo 18 nos permite pasar por encima de la ley de la carne; ¡Cualquier ley espiritual adversa, deja de tener efecto cuando nos sujetamos a la ley de Dios y andamos en el espíritu!


Ahora, Romanos 8:1 es un versículo frecuentemente citado, usado para expresar que no debemos sentir culpa o remordimiento por cualquier error cometido en nuestro andar cristiano; y que simplemente debemos esforzarnos por mejorar, la próxima vez, en caso de que hayamos errado la marca y hallamos pecado, ¡otra vez! Pero la mayoría de las veces ignoramos la segunda parte de este versículo, que está en correspondencia directa y también es una clave para andar realmente en libertad.


(Romanos 8:1) Así que ahora ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


Aquí vemos claramente el resultado como consecuencia de andar en el espíritu. ¡No hay condenación! ¿Por qué? Porque ¡estar en Cristo Jesús es andar en el espíritu! ¡Entonces, estar libre de culpa, remordimiento, condenación o juicio es el resultado de andar en el espíritu, lo que equivale a deleitarse en la ley de Dios según el hombre interior!


¡Así que estar en Cristo es la clave para no tener o sentir condenación alguna!


La palabra “SI” es un adverbio afirmativo que funciona como una conjunción condicional; lo que significa que se utiliza para indicar una condición o suposición. A menudo se usa en conexión con otras partículas y en este caso indica que algo ocurre como resultado o consecuencia de hacer otra cosa, o sea, que, ¡estar en Cristo al caminar en el espíritu!” traerá como resultado no sentir más culpa, remordimiento, condenación o juicio. Veamos un interesante relato.


(Juan 8:1) y Jesús se fue al monte de los Olivos. {2} Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. {3} Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, {4} le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. {5} Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? {6} Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. {7} Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. {8} E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. {9} Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. {10} Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? {11} Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.


Quizás te preguntas: ¿Qué tiene que ver la historia de esta mujer con la aceptación y la condenación? Te lo diré en un momento, por ahora quiero que pienses en; ¿Qué es lo que tú crees que esta mujer hizo después de todo lo que le aconteció? ¡Estoy muy seguro de que ella no volvió a pecar en absoluto!


Pónganse en su lugar, es decir, como acusados. En el caso de esa mujer, la vergüenza, el remordimiento, la culpa, la condena o el juicio que tuvo que afrontar. ¿Crees tú que iba a volver a pecar aunque fuese una vez más? ¡No lo creo! Pero, ¿cómo crees tú que se sintió y se comportó después de ser absuelta de sus acusaciones, liberada de la culpa o del delito que se le imputaba? ¡Libre! No más culpa, no más remordimiento, no más condenación, no más juicio.


El relato dice que Jesús estaba en alguna área del templo enseñando al pueblo. Los escribas y fariseos ya estaban confabulados para condenar a Jesús y quitarle la vida. Fueron ellos los que llevaron a la mujer ante Jesús y la pusieron en medio del lugar donde Jesús enseñaba. En el versículo 4 vemos a estos escribas y Fariseos, mostrando una falsa humildad, lo llamaron “Maestro” cuando todo el tiempo habían creído diciendo que: “de Galilea nunca se ha levantado profeta.” En el versículo 5 tratando hipócritamente de hacerlo sentir importante le dicen: “en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” Él sabía lo que estos corruptos líderes estaban haciendo, tentándolo para poder acusarlo como estaban acusando a la mujer. El versículo 7 es un versículo que debemos guardar en nuestro corazón y nunca olvidarlo,  especialmente la segunda parte: “...: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.”


Volviendo a la pregunta; ¿qué tiene todo esto que ver aquí con la aceptación, cuando no se habla más que de condenación?


Bueno, condenar es el acto de decir que algo o alguien es muy malo e inaceptable, y cuando nos condenamos a nosotros mismos, nos sentimos o pensamos que somos inaceptables.


¿Alguna vez te han acusado, culpado, condenado o juzgado de algo? Sólo recuerda esto, que aquellos que te acusan, te condenan o te juzgan puede que no sean tan puros, limpios y sin pecado como pretender ser. La frase “...acusados por su conciencia” en el versículo 9, significa que moralmente convencidos en sus propias mentes, se juzgaron culpables ellos mismos y se sintieron sin derecho alguno a encontrar culpa en la mujer y se fueron. Y en el versículo 10, cuando Jesús le preguntó a la mujer acerca de los acusadores, todos se habían ido.


El texto Griego dice en el versículo 10: “Y enderezándose Jesús díjole: Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te condenó? Y ella dijo: Ninguno, Señor. Dijo entonces Jesús: Ni yo te condeno. Vete, desde ahora no más peques.”


La palabra “acusaban” en la versión Reina Valera es la palabra griega katégoros, una palabra compuesta formada por las palabras griegas kata que significa: “contra o que denota oposición” y la palabra griega ágora que significa: “plaza pública, mercado, asamblea.” La palabra griega Katégoros literalmente significa: "alguien que habla contra alguien más ante una asamblea", también significa: un denunciante ante la ley o un fiscal. Pero el significado más interesante y específico es: “Satanás, el acusador de los hijos de Dios.” Eso debería indicarte de dónde es que provienen todas las acusaciones. Y estoy seguro de que no quieres que nadie te acuse; pero tampoco debes estar en el lugar de los acusadores, cumpliendo las órdenes de Satanás, quien continuará con sus acusaciones contra los hijos de Dios día tras día, tanto como pueda, porque es un experto en jugar con nuestros sentimientos y emociones a través de nuestros cinco sentidos hasta hacernos caer víctimas de sus artimañas. No olvides lo que Jesús les dijo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo en Getsemaní en uno de los momentos más dramáticos y dolorosos de su vida:


(Mateo 26:41) Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.


¿Y dónde es que fallamos o erramos? ¡En la carne! ¡Y en la carne es donde somos condenados o hallados inaceptables, y mientras continuemos caminando en la carne nunca nos hallaremos o nos sentiremos aceptables y nunca caminaremos en libertad! ¿Percibiste eso? “¿Hallarnos o sentirnos aceptables?” Ahí reside gran parte del problema de la aceptación, nosotros mismos no estamos contentos con quienes somos, en la carne. No nos aceptamos tal como somos y tratamos de hacer esto o aquello para sentirnos aprobados y encajar donde queremos ser aceptados. Por eso es importante saber y entender quiénes somos en Cristo Jesús nuestro señor y salvador, porque eso nos ayudará a saber y comprender que ya hemos sido aceptados por Dios en el amado. De hecho, sólo deberían existir dos autoridades válidas que determinen nuestra aceptación, ¡Dios y nosotros mismos!


Entonces, ¿qué tiene que ver la historia de esta mujer con la aceptación? Bueno, estoy muy seguro que ella sabía de Jesús, quién era y a quién representaba aquí en la tierra; y cuando el Señor le preguntó: “¿dónde están?” hablando de sus acusadores ella respondió según el texto griego: “Ninguno, Señor.”  Ella reconoció la autoridad de Jesús y lo llamó Señor. Y cuando él le dijo: "Ni yo te condeno: vete, desde ahora no más peques." ¡Ella se sintió aliviada! Y quiero creer que nunca más volvió a pecar, porque el resto de su vida, su conducta, su manera de vivir, la iba a vivir en la carne, ella no tenía espíritu santo en ese momento porque todavía no estaba disponible, pero nosotros sí tenemos espíritu santo, sin embargo, nos seguimos condenando por todo; si nos enfermamos; si dije malas palabras e insulté a alguien; si tengo alguna necesidad; o si juzgo y condeno a otros. El primero y más grande mandamiento es amar a Dios con todo lo que tenemos ¿verdad? Corazón, alma, menta y fuerzas. Y el segundo, amar al prójimo como a nosotros mismos. La palabra “amar o amarás” son derivadas de la palabra griega agápe, de donde proviene lo que nosotros llamamos el código de conducta del creyente cristiano, y tiene todo que ver con nuestro comportamiento. Pero supongo que no amamos a nuestro prójimo tanto como creemos, porque si seguimos condenándonos a nosotros mismos porque hayamos errado en alguna ocasión, ¿cómo podemos decir que amamos a nuestro prójimo? Eso no debería ser así. Realmente tenemos que volver a la Palabra de Dios y renovar nuestra mente para no conformarnos a este mundo como lo dice el libro de romanos y no ser víctimas y presas fáciles de las artimañas del acusador.


(Gálatas 5:1) Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.


Hemos sido liberados por Jesucristo nuestro señor, y no debemos tomar eso a la ligera. Debemos entender y aceptar realmente quiénes somos en Cristo, porque fuimos aceptados en él y ahora somos hijos e hijas de Dios todopoderoso.


(1 Corintios 1:30) Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; {31} para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.


Así que deleitémonos en la ley de Dios según el hombre interior: La condenación es un juego del adversario, del acusador, y no queremos ser acusados, condenados ni juzgados por nadie, pero tampoco debemos nosotros acusar a nadie.


(Romanos 8:30) Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. {31} ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?  ​


Ya hemos sido aceptos en el amado, predestinados, llamados, justificados y glorificados en Cristo Jesús nuestro señor, y ahora es Cristo en nosotros la esperanza de gloria y es ahí donde debemos poner todas nuestras fichas, reconocer quiénes somos en Cristo y la autoridad que nos ha sido delegada. Además tenemos a Dios nuestro Padre celestial de nuestro lado.


(Romanos 8:32)  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? {33} ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. {34} ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. {35} ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 


Creo que la condena está incluida en esta lista, y tampoco nos separará del amor de Cristo


(Romanos 8:36) Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.


Pablo aquí hace referencia a la profecía de Isaías acerca del padecimiento de nuestro señor Jesucristo, quien no abrió su boca y como cordero fue llevado al matadero, humillándose a sí mismo y siendo obediente al Padre hasta la muerte. Y así nos sentimos nosotros a veces, como ovejas llevadas al matadero cuando nos condenamos a nosotros mismos. Pero vean lo que el sacrificio y la obra completa de nuestro seños Jesucristo lograron para nosotros.


(Romanos. 8:37)  Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. {38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, {39} ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.


Esto es una prueba más de nuestra aceptación, así que debemos echar fuera todo tipo de condenación, especialmente la personal. Dios hizo las cosas mucho más simples para nosotros. ¿Por qué deberíamos preocuparnos entonces? ¡Dios dice en su Palabra y prometió que NADA NOS SEPARARÁ DEL AMOR DE CRISTO; Y MUCHO MENOS NADA, NADA, NADA, ABSOLUTAMENTE  NADA, NOS PODRÁ SEPARAR DEL AMOR DE DIOS! Pero tenemos que ser capaces de hacer lo que a nosotros nos corresponde. Sabemos que no somos perfectos en la carne, ¡pero la idea es, no permanecer ni dejarnos guiar por la carne, sino por el espíritu!


(Romanos 8:1) Así que ahora ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


Deleitémonos en la ley de Dios según el hombre interior, y permanezcamos, pues, firmes en la libertad con la que Cristo nos hizo libres. Dios en su Palabra nos dio todo lo que necesitamos para ser más que vencedores. La mente renovada es la clave al poder, y creo firmemente que una de las claves de Pablo para renovar su mente y poder llevar a cabo su ministerio fue hablar en lenguas mucho, lo dijo él mismo en el libro de 1 Corintios 14:18 “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros;”


¿Recuerdas lo que hizo Jesús en el desierto cuando fue tentado por Satanás? Dijo: “Vete de aquí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”. ¡Y nosotros también debemos servir a Dios bajo el régimen nuevo del Espíritu!


Así, que, cuando esas malvadas influencias traten de entrar en tu mente para culparte, acusarte condenarte o juzgarte por cualquier cosa, haz lo que Jesús hizo en el desierto y detén a Satanás el acusador en seco, habla mucho en lenguas y declara quién eres en Cristo Jesús; un hijo o una hija de Dios con todo poder desde lo alto. No encuentres falta en otros y no acuses para que no seas parte del ministerio del acusador que es hurtar y matar y destruir. Satanás continuará acusando a los hijos de Dios y continuará jugando con nuestros sentimientos y emociones a través de nuestros cinco sentidos; no se lo permitas y no te condenes a ti mismo, ni te sientas como oveja llevada al matadero, ya Cristo murió por nosotros humillándose a sí mismo y siendo obediente al Padre hasta la muerte y muerte de cruz. Él es quién aboga por nosotros delante del Padre como dice el libro de 1 Juan


(1 Juan 2:1) Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. {2} Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. {3} Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.


En la segunda parte hablaré un poco más acerca de los acusadores y algunas advertencias que Dios previó en su Palabra para estar alertas y no caigamos en el error al prestar oído a las falsas palabras del adversario, el dios de este mundo que quiere que nos conformemos a él. Pero quiero concluir con lo que dice el libro de romanos.


(Romanos 12:1) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. {2} No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 


¡Dios los bendiga!


E. S. N.


Su hermano en Cristo:


J. E. R. S.

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Quiero compartir la parte II de la enseñanza titulada “la mecánica de la fe.” En la primera parte vimos que para agradar a Dios debemos tener fe, y para tener fe debemos creer que Dios existe, y creer en él, pero para eso primero debemos creer que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y hacerlo nuestro señor mediante el acto de confesarlo con nuestra boca, y creer en nuestro corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, porque a través de su nombre y solo a través de su nombre podemos tener vida, y tenerla más que abundantemente como dice Juan 10:10. También vimos que la Fe se manifiesta con nuestras acciones; nuestras acciones son guiadas por nuestra creencia, y nuestra creencia es siempre determinada por nuestra confesión. Eso es lo que yo llamo “la mecánica de la fe.” Todo comienza con nuestra confesión. Hoy les voy a compartir un poco más sobre la fe; y debemos entender que la palabra de Dios no se trata de tan solo un versículo. La fe es un tema del que nunca dejaremos de hablar y aprender, en nuestro proceso de continuo creciente en nuestra relación con Dios y Jesucristo su hijo, nuestro señor y salvador. Comencemos, pues, en el libro de Santiago.


(Santiago 1:17) Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. {18} El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.


Todo, absolutamente todo, pero más específicamente, todo don perfecto proviene de Dios, quien nos engendró con la palabra de verdad para que seamos su creación y caminemos según su voluntad. La “creencia” es una ley establecida por Dios, y todos, en general, pueden beneficiarse o sacar provecho de ella. ¿Qué pasa con la fe, de dónde crees que vino la fe? Tienes razón, también proviene de Dios. Hagamos aquí un paréntesis para hablar de la fe.


(Romanos 10:17) Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.


Así es como se lee en la versión Reina Valera y en el programa de computadora que uso para estudiar. El Sr. E. W. Bullinguer dice que el texto griego lee: “Christós” en lugar de theos, y 54 de 70 diferentes versiones de la Biblia en Español concuerdan con él, así como el interlineal griego-español. Y cuando usamos "Cristo" en lugar de "Dios", romanos 10:17 dice: "Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo". Pero este versículo tiene mucho más sentido una vez que comprendemos el significado de algunas palabras como “oír”, que básicamente se refiere a la acción de oír, también se refiere al sentido auditivo, o directamente a lo que se escucha. Pero la palabra griega de la que se traduce “oír,” también significa: “anuncio,” que quiere decir: “dar cuenta de, anunciar, o predicar.” La otra palabra que, valga la redundancia,  debemos entender es, “palabra,” traducida del griego rhema.


Ahora leyendo el texto griego del programa de computadora (Romanos 10:17) dice: "ara: ara pistis: akoe: akoe: rhema: Theos". Aquí vemos la palabra griega “rhema” traducida como “palabra” junto con theos, que significa: Dios. “Rhema literalmente significa: expresión o palabra hablada. La palabra aramea es "meltha" y la raíz del verbo literalmente significa  "hablar". Pero se dice que “rhema”es una palabra o mensaje específico para un momento específico y con un propósito especial.


Mirando a través del interlineal griego-inglés y el interlineal griego-español, ambos tienen una pequeña variación en comparación con el programa de computadora. Así es como se leen ambos interlineales:


(Romanos 10:17) άρα n’ πίστις με ακούω n’ δέ ακούω διά ρηματος.


Ambas versiones concuerdan hasta ese punto, pero el interlineal Griego - Inglés tiene al final la palabra “Θεός,”  (theos = Dios), con una nota al margen que indica que 4 de los 6 traductores están de acuerdo que la palabra “Χριστός” es la que aparece en el texto griego. El Interlineal Griego- Español dice “Cristo.” Pero, ¿qué diferencia da si es la palabra de Dios o la palabra de Cristo? Bueno, ¡si  hay diferencia!


(2 Timoteo 2:15) Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.


“Usar bien” significa: hacer un corte exacto, o dividir correctamente, lo que quiere decir que debemos enseñar la Palabra de Dios como debe de ser, y si el texto Griego dice “Dios” o “Cristo,” debemos ser exactos en lo que enseñamos, debemos recordar lo que 2 Pedro también dice.


(2 Pedro 1:20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 


O sea, que no se trata de lo que yo piense o crea, sino de lo que en verdad la Palabra de Dios dice, no lo que yo o cualquiera opine. Y si crees que eso no es suficiente para ti, piénsalo dos veces, porque aquí estamos hablando de la fe, un principio fundamental para agradar a Dios, y poder recibir las bendiciones con las que prometió recompensar a quienes lo buscan diligentemente. Por eso es importante entender la diferencia entre Dios el Padre y Jesús el hijo de Dios. La fe provino de Dios al igual que la creencia, pero ya vimos, según Tomás, que el creer puede basarse en los cinco sentidos, en lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y gustamos. Un hombre natural puede creer, y alcanzar quizás algún grado de la fe natural, que es más como tener lealtad al deber o a una persona, fidelidad o confianza en algo o alguien. ¿Cómo crees tú que esos multimillonarios hicieron su dinero? ¡No por la fe de Jesucristo, por supuesto! Claro, hay muchas maneras de hacer trampa, pero aquellos que no hicieron trampa, lo hicieron confiando en lo que querían hacer, en las personas que los apoyaron, emocional o financieramente, ¡y creyendo en sí mismos! Con razón, una de las definiciones de fe del diccionario es: “confianza total”, pero así es como se conoce la fe en el mundo; nada más que un muy alto grado de creer, pero esa no es la fe de la que estamos hablando, aquí hoy. La fe de la que habló Habacuc hace miles de años, cuando dijo: “…más el justo por su fe vivirá”, y no creo que se refiriera a nuestra propia fe personal como sugiere el mundo: “cree en ti mismo.”


Apoyado en lo que sugiere el Sr. Bullinger, las 54 diferentes versiones de la Biblia en Español, los 4 traductores del Interlineal Griego-Inglés, y el Interlineal Griego – Español, una traducción literal del griego de Romanos 10:17, diría: “Por lo tanto, la fe es o viene por el oír, la predicación de la que Cristo vino a dar cuenta, mediante la palabra o mensaje específico en un tiempo específico y para un propósito especial”. ¿Recuerdas lo que dijo Habacuc en el versículo 3 del capítulo 2?


(Habacuc 2:2) Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. {3} Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.


Se suponía que la visión se manifestaría en el momento señalado, y se suponía que el mensaje también se pronunciaría en el momento adecuado.


(Habacuc 2:4) He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.

La fe vino de Dios, y solo entra en nuestros corazones al escuchar los rhematos; el relato dado o mensaje por medio de Jesucristo nuestro señor y salvador, ¿recuerdas lo que le dijo a Tomás?


(Juan 20:29) Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. {30} Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. {31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.


De ahí la importancia de Romanos 10:9, 10. ¡Confesar a Jesús como nuestro señor y salvador personal!


(Romanos 10:11)  Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.  {12} Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; {13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. {14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? {15} ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! {16} Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?


La palabra “anuncio” aquí es la misma palabra Griega que significa “oír.” Isaías dijo: Señor ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿De qué anuncio habla Isaías? De las palabras habladas, profecías y mensajes sobre la venida del mesías, el salvador del mundo. Entonces, el versículo 17 de acuerdo al texto griego diría: “Por tanto…, después de todo lo que acabamos de leer de los versículos 11 al 16, “Así que la fe es o viene por el oír, la predicación de Cristo, a través de la palabra o mensaje específico en un tiempo específico y para un propósito especial”. ¿Recuerdas cuando Felipe le pidió a Jesús que les mostrara el Padre?


(Juan 14:10) ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? las palabras que os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.


Jesús le dijo a Felipe “…el rhema que os hablo no lo hablo por mi propia cuenta, sino por el Padre que mora en mí…” El mensaje que os traigo es de mi Padre, y tiene un propósito especial, y cuál es ese propósito especial ¡El plan de salvación de Dios!


(1 Timoteo 2:4) el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.


¿Cómo? A través de “el justo por su fe vivirá”, porque sólo por la fe de Jesucristo todos los hombres pueden ser salvos, vivir la vida más que abundantemente, y tener la vida eterna. Cerremos nuestro paréntesis aquí y volvamos al capítulo 1 de Santiago.


(Santiago 1:19) Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; {20} porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. {21} Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. {22} Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 


El versículo 19 nos exhorta que seamos prontos para oír, pero, ¿oír qué? El anuncio del que Isaías habla ¡El mensaje del Padre! El versículo 21 describe las cosas de las que debemos deshacernos, la ira, que es totalmente opuesta a la justicia de Dios, además de desechar toda inmundicia, es decir: cualquier cosa que contenga o se caracterice por sucio y asqueroso;  pensamientos, lenguaje, imaginaciones, forma de vida, etc…, y la superabundancia de la depravación, el mal y la malicia. El versículo 22 agrega que además de todo eso, debemos ser hacedores de la Palabra de Dios; cuando no “realizamos, hacemos, o llevamos a cabo,” eso es lo que significa la palabra griega “poietes,” nos engañamos a nosotros mismos como esos tontos que tratan de labrar su propia justicia, esos que se jactan de decir “soy lo hice solo.” Y los siguientes versículos complementan lo que dice el versículo 22 haciendo todo eso más claro que el agua.


(Santiago 1:23) Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. {24} Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. {25} Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.


¿Has mirado atentamente en la ley perfecta de la libertad? ¡Sé que lo has hecho! Pero ¿cuál es la perfecta ley de la libertad? ¡Es la Palabra de Dios y las promesas de Dios! ¡Es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente, y fuerzas;  y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos! Es el nuevo mandamiento de amarnos los unos a los otros y el cumplimiento la profecía de Isaías 61 en Lucas 4:18 cuando se le dio el rollo a Jesús y leyó:


(Lucas 4:18) El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; {19} A predicar el año agradable del Señor. {20} Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. {21} Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 


¿Crees tú eso? Eso se cumplió en el día de Pentecostés, cuando en el templo los apóstoles fueron todos llenos del espíritu santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Después, cuando Pedro se levantó y dijo en:


(Hechos 2:39) Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.


Sí, Pedro estaba hablando solo a los judíos pero “…a cuantos el Señor nuestro Dios llamare” nos incluye a nosotros, y eso fue confirmado cuando Jesús le dijo a Ananías que ministrara a Pablo.


(Hechos 9:15) El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 


Y Pablo finalmente hizo que sucediera cuando se cansó de las quejas, la rebelión, la ira y las blasfemias de los judíos.


(Hechos 18:5) Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. 


Ese fue el mensaje que Jesús le dijo a Tomás que tenía que creer. ¡Que él era el Cristo, el hijo de Dios!


(Hechos 18:6) Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. 


¡Gracias a Dios por su infinita gracia y misericordia!


El versículo 25 en Santiago capítulo 1 dice: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”


La palabra “hace” tiene que ver con lo que hacemos o no hacemos, con las acciones que llevamos a cabo. Aquí en Santiago 1:25 es la palabra griega póiesis que significa acción, desempeño. ¡Si queremos ser bendecidos debemos actuar, no solamente oír!


Hay dos palabras clave en este interesante versículo: la palabra “mira”, que es la palabra griega parakúpto, que significa: inclinarse, mirar hacia adentro, o como comúnmente decimos “echar un vistazo,” mirar dentro, que es básicamente: mirar largo y tendido con asombro o sorpresa. La otra palabra es “persevera”, que es la palabra griega paraméno, que significa: estar cerca, ser permanente, perseverar, permanecer, continuar. ¿Recuerdas lo que dijo Jesús en el evangelio de Juan?


(Juan 8:31)  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis (meno) en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; {32} y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 


No es solo confesar a Jesús como señor, sino permanecer en la palabra de Dios es lo que nos lleva a perseverar en la perfecta ley de la libertad.


El mundo define “fe” como: “Un conjunto de creencias de una religión, o confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo, una fuerte convicción, seguridad, aseveración de  que algo es cierto. Pero aquí quiero trazar una línea, porque aunque “creencia” es la forma verbal de pistis, y pistis básicamente significa: “fe”. "Creencia" y "fe" son partes de la misma franquicia, pero no juegan en la misma liga, por así decirlo. El diccionario de la RAE define la “creencia” como: “completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos;” y define “fe” como: “seguridad, aseveración de que algo es cierto,” tener plena confianza, o una fuerte convicción, pero “fe” es más que “una fuerte creencia”, eso es “confianza”; La “fe” de la que hablamos es mucho más que tener un alto grado de creencia; es estar plenamente persuadido acerca de todas las promesas de Dios, y gracias a Dios, su santa Palabra, la biblia, define lo que realmente es la fe, y no significa simplemente "confiar.”


(Hebreos 11:1) Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 


La palabra “certeza” del griego upóstasis, significa: “soporte  o fundamento”. La palabra “espera” del griego elpízo significa: “una expectación confiada.” La palabra “evidencia” del griego elégco significa: “prueba segura y convincente. La frase “no se ve” del griego blépo significa: “tener el poder de ver; el acto de mirar, aunque no se vea nada”. Todo eso combinado es lo que realmente es la fe; déjame mostrarte una traducción literal usando estas palabras del texto griego:


“Es, pues, la fe pistis, el fundamento firme de que las cosas que confiadamente esperamos, con plena seguridad, con firmeza y seguridad esperamos, es la prueba convincente y la garantía certificada de que por el poder de ver percibimos aquellas cosas que no podemos ver ahora.


En otras palabras, “fe” es algo sobre lo que podemos pararnos firmes como un fundamento inamovible, es la prueba convincente, certificada y garantizada de las cosas que Dios nos la prometió, las cuales confiadamente, con plena seguridad esperamos de él, aunque no podemos verlas ahora, son verdaderas y reales.


¿Recuerdas que mencioné en la parte I que la palabra fe aparece solo dos veces en el Antiguo Testamento?  De hecho la palabra Hebrea emuwnah traducida como fe, solo aparece en el libro de Habacuc. 2:4 y significa: firmeza, seguridad, fidelidad, puesto fijo, estabilidad, constancia, verdadero, verdad. ¿Te recuerda alguno?


Esa es la “fe” prometida a la que se refería Habacuc. Nosotros la llamamos “la fe de Jesucristo”. Y es por esa fe que somos salvos; y ahora miembros en particular del cuerpo de Cristo.


¿Puedes ahora ver la diferencia entre “fe” y “creencia”? Cualquiera puede jugar en la liga de la  creencia, hasta los agnósticos, y los ateos, tienen derecho a ser estúpidos y declarar: “…no hay Dios”. Pero la “fe prometida” solo se juega en una liga de primer nivel, el reino espiritual. La creencia se basa en los cinco sentidos, solo mira o escucha las noticias, no necesita el espíritu santo para creer todas sus mentiras y confiar en sus fuentes de noticias. De niños no necesitábamos espíritu santo para creer lo que nuestros padres nos decían. Pero la “fe prometida,” la “fe de Jesucristo” es espiritual, y para que podamos discernir asuntos espirituales necesitamos espíritu santo.

 

(1 Corintios 2:14) Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

 

Doy gracias a Dios por el día que dejé de ser un hombre necio y acepté a Jesucristo como mi señor y salvador. En el capítulo 11 de hebreos hay toda una disertación acerca de la fe y dice que:

 

(Hebreos 11:3) Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra (rhema) de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 

 

Todo el universo fue hecho y creado por Dios.

 

(Hebreos 11:4) Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.

 

Dios mismo dio testimonio de que Abel fue un hombre justo.



(Hebreos 11:5) Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.


La frase “por la fe”, aquí, significa que confiaron en Dios siendo leales, fieles y dignos de confianza hacia él, la palabra justos aquí significa: equitativos en carácter y acciones. No había engaño ni malicia en Abel, lo que le fue contado por justicia. En cuanto a Enoc, Dios lo trasladó porque antes de ello, había agradado a Dios.

 

Si alguna vez queremos agradar a Dios, debemos manifestar fe, sin fe es imposible agradar a Dios, y para que podamos manifestar fe, debemos creer que Él es. La fe no es simplemente una palabra más en la lengua vernácula del cristianismo. Fe es lo que Dios ha repartido a todo hombre que confiesa a Jesucristo como su señor y salvador personal. La fe es manifestada cuando tomamos acción; nuestras acciones son guiadas por nuestra creencia, y nuestra creencia siempre determinada por nuestra confesión.

 

La fe es lo que nos permite mover montañas, sanar enfermos, resucitar muertos. La fe nos permite mirar dentro de la perfecta ley de la libertad. Déjame leerte de nuevo una traducción literal del griego:

 

“Es, pues, la fe pistis, el fundamento firme de que las cosas que confiadamente, con plena firmeza y certeza segura esperamos, es la prueba convincente y la garantía certificada de que por el poder de ver percibimos aquellas cosas que no podemos ver ahora.

 

En otras palabras, “fe” es algo sobre lo que podemos pararnos firmes como un fundamento inamovible, es la prueba convincente, certificada y garantizada de las cosas que Dios nos la prometió, las cuales confiadamente, con plena seguridad esperamos de él, aunque no podemos verlas ahora, son verdaderas y reales.

 

La fe requiere de dos partes, tú, yo, o cualquier otro creyente cristiano y Dios. Debemos confesar, creer y actuar. Dios ya garantizó su parte, recuerda lo que Jesús le dijo a Felipe: “…pero el Padre que mora en mí, él hace las obras. ¿Acaso no es Dios en Cristo en ti? ¡Tú solo confiesa, cree y actúa, Dios hará las obras!

 

La exhortación para cada uno de ustedes, incluyéndome a mí:

 

(Hebreos 10:22) acerquémonos con corazón sincero (veráz), en plena certidumbre de fe (pistis), purificados los corazones de (apo = lejos de) mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. {23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión (omología =  confesión) de nuestra esperanza (elpis = expectante gozo), porque fiel es el que prometió. 

 

La palabra “profesión” del griego también se traduce como “confesión”, la palabra esperanza en el versículo 23 es elpis, que significa: “anticipar, generalmente con placer =  gozo expectante).

 

La Biblia Peshita (Nuevo Testamento) ofrece una muy buena traducción de la primera parte del  versículo 23, que dice :  “asiéndonos firmemente de la confesión de nuestra esperanza, sin fluctuar,…” Y la segunda parte nos da la razón de porqué debemos mantenernos asidos firmemente a nuestra confesión: “…porque fiel es el que nos prometió.”

 

La palabra "fiel" aquí es la palabra griega "pistos" que significa: "digno de confianza, veraz, seguro y verdadero". La Biblia Kadosh Israelíta Mesiánica dice en la segunda parte del versículo 23: “porque el que hizo la promesa es digno de confianza.”

 

Comencé esta enseñanza con Santiago 1:17; que “toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto y desciende del Padre de las luces, en quien no hay mudanza, ni sombra de variación”.

La palabra “no” aquí es una negación absoluta: “no, tampoco, nunca.” En Dios absolutamente NO hay mudanza. La palabra “mudanza” significa: no transmutación, inconstancia o cambio. La palabra “Sombra” significa: sombra, oscuridad, tinieblas; y la palabra “variación” significa: revolución, vuelta o retroceso. Y en Dios NO, ABSOLUTAMENTE, NO hay ninguna de esas tres cosas. Lo que me recuerda la primera parte de Malaquías 3:6 que dice: “Porque yo Jehová no cambio…”

¡Amigos míos, así dice el Señor! 

I. H. N.

J. E. R.S.

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